Virtudes cristosóficas. Confiar en Dios

Explicación de la virtud

La angustia es natural. La angustia, el miedo y la inseguridad son sensaciones normales porque la vida tiene peligros reales. Pero estas emociones pueden llegar a paralizarnos e impedirnos arriesgarnos cuando es indispensable dar un paso adelante para aprender. En la vida es necesario probar y equivocarse. Jesús alienta a avanzar confiados en la ayuda de Dios.
El Padre de Jesús, en su providencia, cuida de cada uno de sus criaturas: pájaros, flores, aguas, personas chicas y grandes. La fe y la confianza en Dios hacen posible dar saltos que requieren cierta valentía. Todos necesitamos desarrollar coraje para vivir. El miedo a tropezar y a fracasar son normales. El futuro puede sernos amenazantes. No lo controlamos. Pero el miedo no es bueno cuando se apodera de nosotros. Confiar en Dios ayuda a aprender a nadar, a andar en bicicleta a montar un caballo y a pedir matrimonio a la persona que se quiere. También ayuda a confiar en la gente.
¿Qué nos dice el texto evangélico?

Lectura: Mt 6, 25-34

Dijo Jesús: «No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?». Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.

Meditación

Confía en Dios. Tu vida está en sus manos. Hay un refrán popular que dice que “quien no se arriesga no cruza el río”. Lánzate al agua. Cree en Dios y no te ahogarás.
Duerme en paz. No te inquietes. Si te despiertas con pesadillas, es normal. De noche nuestra mente está activa. De día libraremos las batallas que habremos ensayado en el sueño. Cree en la providencia divina cuanto te acuestes y cuando te levantes.
Y si fracasas, fracasa. ¿Ha habido un niño que al tratar de caminar no se haya dado un porrazo? Dios también te guía cuando te caes. Él te recogerá. Si nunca te rasmillas las rodillas nunca aprenderás a correr. La frustración, el llanto y el desamparo son importantes para madurar.

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