Sensus Christi: Misericordia

Explicación de la virtud

Es muy común pensar que cada uno merece lo que tiene. Los que tienen más, se opina, son los ganadores en la competencia por la sobrevivencia. “El pez grande se come al pez chico”, punto. Los perdedores en la carrera de la vida, los mendigos, los abandonados, los cesantes o los que se han entregado a las adicciones, son de alguna manera culpables de sus males. No debieran quejarse de nada. ¿Lo son? No lo son.
Jesús enseñó a sus discípulos que Dios piensa al revés. Jesús, mediante un cuento, les dice que habrá un juicio al final en el cual los ganadores no serán los que venzan a los más débiles, sino los que acudan a ayudarlos.
Oigamos lo que nos dice una de las parábolas más significativas del Nuevo Testamento.

Lectura: Mt 25, 31-40

Dijo Jesús: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”».

Meditación

Ponte en el caso de una persona que está en la cárcel. Cometió un crimen. Viene a visitarlo un desconocido. Este no quiere preguntarle qué hizo. Viene simplemente a conversar con él. Le pregunta, en cambio, “¿necesitas algo?”.
Ten en cuenta que la persona que te responderá es Cristo. Así lo dice Jesús en este evangelio. Él se identifica con el encarcelado, el hambriento, el sediento y podríamos seguir al infinito enumerando personas necesitadas, a menudo despreciadas por su situación, que agradecerán que alguien les haga sentir el amor que Dios les tiene.
Mira a tu alrededor. ¿Reconoces a Cristo en alguna parte? Pon atención. ¿No ves a nadie?

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