Entrevista a José Aldunate

AÑOS ATRÁS LE HICE UNA ENTREVISTA A DON PEPE

JORGE: Don Pepe, buenos días. Conversemos sobre el tema de la Compañía de Jesús en los últimos cincuenta años. Vamos al grano inmediatamente. ¿Cómo vio, cómo ve usted a la distancia, a la Compañía durante la dictadura militar? Usted tuvo una participación importante un poquito antes del Golpe, y todo el período posterior.

JOSÉ: Yo estuve durante todo el período militar un poco al margen de la Compañía, porque inicié un tiempo de sacerdote obrero, precisamente en la víspera del Golpe. Fue el primer día en que me separé de la vida comunitaria y empecé una vida de sacerdote obrero.

JORGE: ¿Dónde fue esto?

JOSÉ: En Concepción. Con todos los permisos del provincial me hice sacerdote obrero a través de una experiencia con Juan Caminada. Me inicié en una vida al margen de la vida comunitaria de la Compañía. Entonces estuve diez años, se puede decir, viviendo en otras casas que no eran las casas corrientes. Por eso, mi experiencia ha sido un poco marginal. Si me preguntan cómo se comportó la Compañía durante la ocupación militar, yo diría que estuvo muy ausente de mi órbita de acción. Un ejemplo, yo me ocupé y más o menos soy conocido por el grupo de…

JORGE: ¿Sebastián Acevedo?

JOSÉ: Sebastián Acevedo. Y en Sebastián Acevedo no hubo nunca ningún jesuita.

JORGE: Pero era bastante riesgoso eso…

JOSÉ: Era un poco riesgoso, pero había estudiantes franciscanos que iban incluso con sus hábitos, había monjas en todos sus colores, y de otras congregaciones también. Así que no era una cuestión tan riesgosa. Talvez había también una cierta desconfianza con la línea de Sebastián Acevedo, que era en el fondo una línea muy tradicional, pero que admitía a gente de cualquier tendencia.

JORGE: Y Sebastián Acevedo comenzó en Concepción, ¿o me equivoco?

JOSÉ: No, empezó aquí en Santiago. Después en Concepción se distinguió bastante. Y bueno, allí ocurrió la autoinmolación de Sebastián Acevedo, el caballero que se quemó a las puertas de la Catedral de Concepción. Pero eso fue cuando el movimiento ya había partido. El movimiento es independiente de ese suceso, solamente tomó el nombre de Sebastián Acevedo después de un par de meses de funcionar.

JORGE: ¿Y qué año empezó Sebastián Acevedo?

JOSÉ: Lo empezó un grupo que se llamaba el EMO, Equipo Misión Obrera, que era la continuación de la iniciativa de Juan Caminada de instituir en Chile sacerdotes obreros. Así que el EMO fue fundado por sacerdotes obreros que desarrollaron después un movimiento de reflexión y de acción, y ese movimiento dio origen a Sebastián Acevedo.

JORGE: Caminada, ¿quién fue Caminada?

JOSÉ: Caminada fue un cura bastante original, bastante también insoportable por su carácter, que vino a Chile para realizar una experiencia. En Holanda tuvo la idea de hacer un puente entre mundo obrero y la Iglesia. Entonces vino a Chile a experimentar su proyecto y esa experiencia se llamó el Movimiento Calama. Porque lo inició en Calama. Buscó curas de ciertas procedencias y formó un grupito de 12-14 sacerdotes obreros. Y entre ellos me inscribí yo y se inscribió también Pepe Correa, de los jesuitas.

JORGE: ¿Nacho Vergara estaba ahí o no?

JOSÉ: No, Nacho Vergara fue un hombre muy solitario, un obrero auténtico, pero andaba por su propio camino. Y bueno, de ese Movimiento Calama con Juan Caminada varios fueron expulsados de Chile con el Golpe. Ellos salieron, pero nosotros quedamos. Quedó un grupo de seis chilenos que habían pertenecido al Movimiento Calama. Los que quedamos formamos un grupito que se llamaba el EMO y decidimos continuar el movimiento Calama aquí en Chile, en ausencia de Juan Caminada, porque a él lo expulsaron por supuesto.

JORGE: ¿Estaba ahí Mariano Puga? ¿Roberto Bolton?

JOSÉ: Sí, estaba Mariano Puga. Bolton se juntó después.

JORGE: ¿Estaba Sergio Torres?

JOSÉ: No, los principales fueron Mariano…

JORGE: ¿Marotto?

JOSÉ: Sí. Y juntamos monjas también, no solamente curas. También laicos. Y formamos un grupito de unos cuarenta.

JORGE: Me decían que ustedes dentro del proyecto Caminada, como quería algo así como volver a los orígenes del cristianismo; que eran tan radicales como dejar de hacer misa por un tiempo y después recomenzar de a poco…

JOSÉ: Ese era un poco el plan de Juan Caminada, de que este grupo de obreros sacerdotes, fueran un puente entre la Iglesia y el pueblo. Ellos tenían que dejar la Iglesia, hacer “el éxodo”, para incorporarse al pueblo, asumir todas las culturas y la línea popular, y después volver a la Iglesia haciendo el puente. Ese era el proyecto.

JORGE: Perdón, y usted, ¿hizo ese camino?

JOSÉ: Sí, lo hice.

JORGE: ¿Y cree que cumplió lo que Caminada tenía en la cabeza?

JOSÉ: En cierta manera lo cumplimos. Y de nosotros, y de lo que esos años se vivía, salió una Iglesia de izquierda. La Iglesia no tenía una izquierda, tenía una derecha y un centro. Y yo creo que después de los militares, del tiempo militar, se constituyó una Iglesia de izquierda. Y allí se dio el puente, porque la Iglesia, que normalmente expulsaba a la izquierda, que no quería nada con el socialismo, con el comunismo, con esas eran herejías, encontró en nosotros un vínculo con el socialismo y comunismo. Creamos una Iglesia de izquierda.

JORGE: Pero la Compañía en esos años, por ejemplo la de la Unidad Popular, reflejaba un poco lo que era la realidad de toda la Iglesia. Si la Compañía tenía sectores de derecha muy marcados y sectores de centro…

JOSÉ: Muy de centro, pero no tenía de izquierda.

JORGE: Ni siquiera la Compañía tenía de izquierda.

JOSÉ: Yo creo que no tenía de izquierda, no he conocido…

JORGE: Salvo Gonzalo Arroyo.

JOSÉ: Ah, cierto. Gonzalo Arroyo sí, muy ciertamente. Y después bueno, algunos tal vez acompañaron a grupitos como la Izquierda cristiana, el MAPU. Todos esos eran Iglesia de izquierda.

JORGE: A Hernán Larraín, ¿dónde lo pone usted?

JOSÉ: Yo lo pongo en el centro, pero con simpatía de izquierda. Yo creo que él se mantuvo dentro de la revista Mensaje en una línea de simpatía de izquierda. Yo me acuerdo un artículo que publicó sobre el Che Guevara que causó roncha porque tenía simpatía con él, pero Hernán no alcanzó a ser un hombre de izquierda.

JORGE: Usted en Concepción trabajó como obrero, ¿con quién vivió allá en Concepción?

JOSÉ: Yo viví con Pepe Correa. Pepe Correa fue para mí una inspiración. Yo pensé: un hombre tan santo, tan moderado, que se hace sacerdote obrero, yo también quiero ser sacerdote obrero.

JORGE: ¿Dónde vivían?

JOSÉ: Pepe Correa se incorporó al proyecto Caminada y estuvo en Calama, estuvo trabajando en Chuquicamata, pero se fue a vivir después a Concepción, donde había estado antes. Entonces comenzó a participar en el movimiento Calama en Concepción. Pero bien pronto vino el Golpe. Y cuando vino, yo estaba con él acompañándolo y seguimos los dos dentro del movimiento.

JORGE: ¿En qué trabajaban?

JOSÉ: En la construcción. Yo estuve en una empresa constructora, como un obrero cualquiera.

JORGE: ¿Los demás obreros sabían que usted era cura?

JOSÉ: No, no sabían. La táctica nuestra era no decir. Yo decía que yo era un pedagogo de Santiago que venía a conocer el mundo obrero a Concepción. Bueno, no me preguntaron más, dijeron tal vez a este lo buscan en Santiago y viene a esconderse por acá.

JORGE: ¿Y usted era bueno pa’ la pala, pal’ martillo?

JOSÉ: Yo le pegaba un poco a la construcción, pero construcción de segunda. No maestro.

JORGE: ¿Qué significa eso?

JOSÉ: De segunda clase, o sea, los que ayudan a los maestros. Son los constructores de segunda. En una empresa constructora había carpinteros, y había carpinteros de primera y de segunda. Yo era carpintero de segunda en esa empresa, una empresa importante en Concepción. Edificó cosas importantes que fueron terremoteados después.

JORGE: ¿Y ganaba su buena plata o poco?

JOSÉ: Ganaba plata, vivía de la plata que ganaba, estaba inscrito, tengo todos mis papeles.

JORGE: Como un título universitario…

JOSÉ: Claro.

JORGE: ¿Cuánto tiempo estuvo?

JOSÉ: Estuve solo dos años.

JORGE: ¿Y después de eso?

JOSÉ: Después a Pepe Correa lo mandaron al norte y quedé solo. A los otros los habían expulsado del país. Así que me vine a Santiago. En Santiago fue donde creamos el EMO.

JORGE: Y donde vivía usted en ese momento

JOSÉ: Vivía con Nacho. Ahí en vía Italia, que está por ahí a la salida de Santiago. Y después me fui a Montijo, Pudahuel.

JORGE: ¿Y Nacho se dedicaba a qué cosa?

JOSÉ: Él se dedicaba al fierro. Era el hombre del fierro. Y era muy competente, era hasta profesor en INACAP. Y vivía de eso. Formó un grupito de obreros y nos formó un poco a lo Nacho, o sea, obreros que ponían en común sus bienes y vivían en comunidad económica.

JORGE: ¿Y Nacho seguía practicando el sacerdocio?

JOSÉ: Sí, pero él se peleó con el obispo. Y como Nacho era tan sistemático, dijo “si el obispo no me da confianza, no ejerzo el ministerio”. Así que era un cura marginal que decía misas de vez en cuando y tenía mucha instrucción evangélica, estaba muy vinculado con el Evangelio, con Jesús. Después se vinculó bastante con los ejercicios espirituales de San Ignacio y se dedicaba a eso. Pero no tenía pastoral porque el obispo lo había desautorizado.

JORGE: ¿Y lo desautorizó por qué razón? ¿Por ser obrero?

JOSÉ: No, el obispo le dijo que no estaba de acuerdo con su pastoral. Fue párroco de Jesús Obrero. Ahí tuvo una pastoral muy interesante, muy de avanzada. Don Raúl Silva hablaba con él, le pedía cuentas. Y Don Raúl en un momento malo le dijo que no estaba de acuerdo con su pastoral. Y Nacho como era de cabeza tan dura dijo: “bueno, si no están de acuerdo, renuncio”. Y se dedicó al fierro.

JORGE: Y usted, ¿qué fue a hacer al Montijo?

JOSÉ: Al principio tenía mis clases en la universidad. Después, durante seis años estuve sin clases, simplemente haciendo trabajos. Trabajé hasta en el PEM (Plan de Empleo Mínimo), luego en el POF (Plan Obrero de la Familia). Pero cuando supieron que no tenía familia me echaron. Con razón. Después trabajé en otras peguitas por ahí.

JORGE: Y con quién vivía en ese momento

JOSÉ: Con Nacho siempre. Viví siete años con Nacho. Ahí estuve algo marginado de la Compañía, porque Nacho vivía un poco al margen. Nos convidaban cuando había que dar una charla sobre Jesús. Era un hombre enamorado de Jesús, realmente admirable.

JORGE: Era difícil de carácter Nacho.

JOSÉ: Sí, difícil. Vivió como al margen con un grupito de obreros.

JORGE: ¿Y ustedes se cocinaban todo?

JOSÉ: Sí, cocinábamos todo.

JORGE: Dicen que cocinaban una olla de porotos para toda la semana, ¿es verdad o no?

JOSÉ: Sí. Se alternaban los porotos y un alverjado de pollo.

JORGE: Usted en ese tiempo enseñaba en la Facultad de Teología de la Católica, ¿no?

JOSÉ: Enseñé hasta el ‘83

JORGE: ¿Qué pasó después?

JOSÉ: El ‘83 cumplí 65 años. Fíjate que era joven, pero a esa edad uno dejaba de ser profesor ordinario y si no lo contrataban como extraordinario, uno quedaba cesante. Y como no tenían ningún interés en contratarme como extraordinario, quedé cesante a los 65 años.

JORGE: ¿Actualmente usted tiene 97 años?

JOSÉ: Sí. Yo después tuve el EMO, que me daba trabajo. Y también la revista Policarpo.

JORGE: Usted la empezó, ¿no?

JOSÉ: Yo empecé. Me nombraron director.

JORGE: ¿Quién lo nombró?

JOSÉ: En el fondo fue el EMO, el que me nombró director de la revista. Yo no quería la revista. Yo dije para qué una revista, cómo se va a poder sostener dentro de una dictadura. Pero me nombraron y estuve veinte años de director, del ‘75 al ‘95. Eso me ocupaba mucho, yo escribía todas las editoriales y algunos artículos. Tenía que mantener la revista. Y en el fondo la mantuve yo solo no más.

JORGE: Sí. Recortando artículos, columnas, poniendo informaciones…

JOSÉ: Pedía cooperación a los teólogos, y noticia a la Vicaría de la solidaridad. Me informaba de todos los acontecimientos.

JORGE: Pero esa revista, recuerdo, circulaba de una manera bastante clandestina, ¿o me equivoco? Es decir, no se sabía quién era el director, no se sabía quién era el equipo, nada.

JOSÉ: Sí, el arzobispo Fresno estaba muy preocupado de saber quién era el director.

JORGE: Ni siquiera el arzobispo sabía quién era el director.

JOSÉ: No, totalmente clandestino.

JORGE: ¿Y Silva Henríquez supo quién era el director?

JOSÉ: No, tampoco. Nadie supo.

JORGE: Y Oviedo, ¿supo?

JOSÉ: Tampoco.

JORGE: Y el provincial sabía.

JOSÉ: Sí, él sabía.

JORGE: Lo que pasa es que los otros jesuitas más o menos también sabíamos, pero era secreto. Dicen que usted arrancaba con el mimeógrafo de una parte a otra.

JOSÉ: El mimeógrafo estuvo en el coro de la iglesia de Jesús Obrero, después estuvo en un colegio de barrio alto, se movía constantemente.

JORGE: He escuchado que usted también ayudó a gente a salir del país, ¿es verdad eso?

JOSÉ: No mucho, algo sí. El que estaba encargado de esto era don Sebastián, que se acopló al EMO. No recuerdo el nombre.

JORGE: Volvamos al tema de Sebastián Acevedo, era el movimiento contra la tortura.

JOSÉ: Sí, pero para continuar eso, mi intervención principal en cuanto a sacar gente del país fue la ocupación de la nunciatura. Fue un acontecer que me marcó mucho a mí, me marcó también delante de la Iglesia chilena. Tal vez hasta esa fecha yo era un sacerdote bastante respetable, porque había sido provincial, era profesor de teología en la facultad y todo. Pero en ese momento que me atreví a violar las murallas de la nunciatura, entonces para todas las autoridades eclesiásticas y para el mismo don Raúl, yo era un imprudente. Eso para mí fue una liberación: cuando quedé como clasificado de avanzado, de izquierda e imprudente. Don Raúl era, en realidad, un hombre de centro, pero con muchos prejuicios respecto a la izquierda. Don Raúl tenía un prejuicio contra el marxismo profundísimo, tanto con los comunistas y los socialistas. Por eso los “Cristianos para el socialismo”, para don Raúl, eran los demonios. El era muy partidario del gobierno de la Democracia Cristiana, era amigo personal del presidente Frei.

JORGE: ¿Pero fue respetuoso con Allende?

JOSÉ: Respetuoso sí, pero con un prejuicio tremendo. Yo escuché la charla que el dio a los religiosos cuando el país había escogido a Allende como presidente. Entonces los religiosos estaban reunidos diciendo cómo va a reaccionar don Raúl a este nombramiento de un presidente socialista. Estuve en la plática y don Raúl nos dijo que nos preparáramos para el martirio, era increíble. Después se entendió bien con él, Allende se portó muy bien con él. Con el Golpe don Raúl estaba muy contento, hasta fue a Roma para convencer a los demócrata cristianos de Italia que el Golpe era legítimo y todo… Bien pronto se dio cuenta de los abusos del régimen, ahí cambió. Pero al principio con el Golpe estaba muy contento.

JORGE: Un paso atrás. Qué hizo usted con la nunciatura, qué hizo en concreto. ¿Metió gente ahí? ¿Por las murallas?

JOSÉ: Metí veintidós personas por las murallas. Porque quise hablar con el nuncio, pero el nuncio no estaba. Y el secretario estaba encerrado en la nunciatura, no quería hablar con nadie, así que forzamos en meterle la gente por las murallas no más, porque por la puerta no permitían que se refugiaran.

JORGE: ¿Y esa gente fue toda al exilio?

JOSÉ: Sí. Y en realidad se libraron, ¿no? Los militares no querían ningún problema con la nunciatura. Así que…

JORGE: Y usted puso una escalera… ¿qué hizo usted para ayudarles a saltar la muralla?

JOSÉ: Tenían que saltar la muralla, eran dos metros. Algunos los empujé no más. Los “empujapoto”… Yo salté también la muralla.

JORGE: ¿Usted volvió a encontrar a esa gente, pasados los años? ¿Volvió la gente a Chile?

JOSÉ: Creo que volvieron algunos. Pero no me he encontrado con ninguno después.

JORGE: Cómo fue el regreso de Chile a la democracia. Una pregunta anterior: durante la dictadura, ¿cómo vio usted a la Compañía?

JOSÉ: Como ausente de mi mundo. Yo estaba en un mundo de izquierda, un mundo de cambio. Más bien me entendía con algunos diocesanos, con el Centro Medellín.

JORGE: Con un grupo de religiosas importante, gente de población seguramente…

JOSÉ: Sí, pero con ningún jesuita. Bueno, Pepe Correa, mi socio, ya estaba en Arica, lo habían mandado allá. El provincial Ochagavía fue siempre muy simpático, muy cercano a mí en el lío de la nunciatura, él fue muy ayudador. A mí me sacó del problema.

JORGE: ¿Cómo veía usted a Mensaje?

JOSÉ: Mensaje se defendió bien, ponía páginas en blanco cuando la censuraban. Mensaje tuvo que manejarse con cuidado. El gobierno militar no la suprimió nunca. Tenía respeto por ser revista de Iglesia.

JORGE: ¿Fue una ayuda Mensaje?

JOSÉ: Sí. Y yo mismo escribí en Mensaje, saqué artículos sobre Derechos Humanos. Se aguantaba que Mensaje publicara cosas sobre derechos humanos, porque eso no tenía para qué suprimirlo el gobierno.

JORGE: Hubo un famoso artículo sobre la DINA, que entiendo que fue muy difícil de publicar porque se corría el riesgo de que suprimieran la revista, ¿usted participó en ese artículo?

JOSÉ: No supe nada de eso.

JORGE: Otra cosa, a usted, ¿dónde le gustaría ver hoy día a la Compañía? ¿En qué actividades?

JOSÉ: Me gustaría verla un poco en lo que te preocupa a ti, en la Iglesia, en la renovación. Yo creo en un compromiso con el cambio de la Iglesia. Pero no estoy muy informado. Vivo en una casa de ancianos, con gente que ya no tiene los conocimientos de ustedes.

JORGE: No están igualmente implicados en las cosas que ocurren. ¿Qué impresión tiene de esta especie de revolución en el plano de la educación? Hay un cambio bastante significativo. ¿Cómo ve a la Compañía en materia de educación, en los colegios que tenemos?

JOSÉ: Eso es lo que me aqueja un poco. Ojalá los colegios particulares volvieran a ser colegios gratuitos, enseñar a los pobres. Eso es lo que yo he dicho, lo que he escrito, lo que me interesaría. Pero veo los colegios muy trabados. Dicen que no se puede, que el valor académico hay que mantenerlo, en fin. O sea, más bien una aceptación de continuar como colegios pagados, ¿no? Yo siento que tendríamos simplemente que jugarnos por volver a educar a los pobres. Y retomar la teología de la liberación.

JORGE: Don Pepe, ¿usted en qué año entró a la Compañía?

JOSÉ: Entré el año ‘33.

JORGE: ¿Ha visto muchos cambios desde el año ‘33 al año 2015?

JOSÉ: Claro que ha habido cambios. Bueno, yo creo que un cambio bastante sustancial fue la congregación XXXI en que participé yo, que recién me habían nombrado provincial. Hasta entonces yo había sido simplemente maestro de novicios diez años y recién entonces, cuando me nombraron superior de Bellarmino y me nombraron provincial, entre un poco en el mundo político y en el mundo del acontecer de la provincia, que fue un acontecer muy importante. Todo lo que significa el tiempo que mi provincialato fue bastante crítico porque en esa época la Compañía había vivido cambios fundamentales. Esos años comenzó mi inserción en la historia más contingente.

JORGE: El Concilio. ¿Qué importancia atribuye Ud. al Concilio?

JOSÉ: Yo he aprendido un montón. Recientemente, como tengo más tiempo, he leído mucho y me he aprendido mucho más sobre el Concilio de lo que sabía antes. El Concilio es muy importante. No lo es todo ni pudo hacer todo. Fue también poco ineficaz en muchos ámbitos. Bien aprovechado, bien interpretado, es un buen punto de partida para cambios muy decisivos que hay que hacer.

JORGE: ¿Cómo ve Ud. que el Concilio incidió en la formación de los jesuitas?

JOSÉ: No he estado en contacto con la formación reciente. Pero creo que ha tenido mucho peso, mucha importancia. Y en detalle, ¿en qué forma? Cuando fui provincial, por ejemplo, me dijeron que la Tercera probación estaba en examen, o en experimento más bien. Es así que tuvimos una Tercera probación muy original, porque había que reformarla, hacerla de nuevo. Creo que el Concilio fue muy importante para la vida religiosa y revolucionario. En ese entonces el Papa nos dijo que había que rehacer las constituciones. Fíjate lo que significa eso. Simplemente decir, nuestra Constitución que viene de San Ignacio, desde ahora se suspende, tenemos que rehacer una constitución para los jesuitas. Porque así lo tuvieron que hacer todas congregaciones, así que es un cambio radical.

JORGE: Volver a las fuentes…

JOSÉ: Volver a las fuentes y al espíritu del fundador.

JORGE: A los ejercicios espirituales, tal como se daban…

JOSÉ: Así que todo eso era totalmente revolucionario, ¿no?

JORGE: Pero Pablo VI se enfureció cuando la Compañía quiso otorgarle el Cuarto voto a todos los jesuitas…

JOSÉ: Esa fue la inconsecuencia de Pablo VI. No se entiende. Si nosotros estimamos que teníamos que rehacer las constituciones, por qué no nos dejó. Pablo VI fue muy inteligente, muy capaz, creo que se dio cuenta de todo, pero en el fondo fracasó porque él quiso reformar la Iglesia, pero no cambiar la gente. Para reformar la Curia había que cambiar la gente. Y él quiso hacer la reforma con la misma gente de siempre. Continuó después con sus encíclicas. Él se reservó el tema de la contracepción. Vino la encíclica Humanae Vitae. Fue inconsecuente. Si él realmente estaba convencido de que la Iglesia tenía que dejar de ser una cosa de arriba para abajo, para serlo de abajo hacia arriba, tenía que haber escuchado más. Se hizo mucho por la colegialidad de los obispos, pero no se hizo nada para que los obispos fueran más autónomos, reposando en las bases. Los episcopados continuaron siendo nombrados desde arriba y no desde abajo. Pablo VI fue bastante inteligente y radical en muchas cosas, pero en otras no.

JORGE: Un pasito atrás. ¿Qué importancia tiene entonces la Congregación General XXXI? Participó Ud., Hernán Larraín…

JOSÉ: Y Juan Ochagavía. Yo creo que ha sido tal vez la congregación más importante que ha tenido la Compañía. Los jesuitas llegaron bastante inquietos. Pienso que la Compañía necesitaba una innovación.

JORGE: Dicen que usted inquietó bastante las aguas.

JOSÉ: Es cierto, con una cartita que difundí un tanto sobre lo que podríamos… porque se proponía que esta congregación abordara temas bastante importantes, así que yo obedeciendo a esa inquietud escribí unas cartas.

JORGE: ¿Cuál era el tema de esas cartas?

JOSÉ: El tema era: cambios que se echaban de menos en la estructura de la Compañía respecto a la autoridad, respecto a los nombramientos, a los tiempos, etc. Yo creo que muchos se imaginaron que este provincial de Chile iba a llegar con flechas y con aires de revolucionario, de indígena.

JORGE: Y llegó poniendo los grandes temas.

JOSÉ: Sí.

JORGE: Ahora, eso estaba prohibido, usted hizo algo prohibido.

JOSÉ: Claro. Yo toqué algunos temas que estaban en las cartas apostólicas, o sea, que eran de la Santa Sede, que la Compañía no podía cambiar porque eran cosas de la Santa Sede.

JORGE: Y eran temas que no se podían tocar y usted hizo circular una carta. ¿Cómo elaboró esa carta? ¿Con otra gente o solo?

JOSÉ: No, con el Bellarmino. El Bellarmino era bastante inquieto y revolucionario en ese tiempo. Yo fui primero superior de Bellarmino y después provincial. Entonces siendo provincial, continué mis contactos con el Bellarmino y continué viviendo ahí.

JORGE: ¿Usted gobernó con el Bellarmino?

JOSÉ: Algunos dicen que goberné con el Bellarmino porque continué viviendo allá, pero en realidad estuve un año y medio de superior del Bellarmino y después como provincial. Pero en la Provincia, claro, eso inquietó un poco. La provincia se dividía en dos partes: el Bellarmino y los colegios, entonces había una rivalidad entre esos dos elementos. Ese fue uno de los problemas que tuve yo. Me tocó apaciguar un poco esa tensión.

JORGE: Dígame una cosa: ¿cómo fue Ud. como maestro de novicios?

JOSÉ: En esa época no tenía idea de cómo tenía qué hacerlo. Así que en el fondo procuré rehacer lo que había sido mi noviciado. Fui un maestro de novicios muy tradicional.

JORGE: Y si Ud. fuera el maestro hoy, ¿cuál sería el énfasis de su noviciado?

JOSÉ: Yo creo que tendría que ser mucho más como es actualmente el noviciado. Se ha progresado mucho. Se necesita estar preparado para el mundo actual. Yo fracasé de maestro de novicios porque la mayor parte de los novicios que tuve se salieron. Fue una época de crisis muy grande la que me tocó y los novicios que formé, los consideraba yo unos santos. Hombres buenos, sanos, inteligentes. Y sin embargo, después de 4 o 5 años de Compañía, se salieron. Esto quiere decir que no acerté en prepararlos para un mundo tan distinto. Los preparé en cambio para una Compañía tradicional como la que yo conocía, pero no para un futuro tan renovado.

JORGE: Y Hurtado, ¿qué impacto tuvo en usted Alberto Hurtado?

JOSÉ: Mucho en realidad, porque cuando yo volví de mis estudios de Europa y el año ‘50 llegué a Chile, me pusieron de ayudante del Padre Hurtado. Mi tarea era ayudarlo en la ASICH, Asociación Sindical Chilena. Encontré a un Padre Hurtado metido en los obreros, no con niños, no con viejitos del Hogar de Cristo, sino con los obreros, animándolos a tener sus derechos, a hacer revolución. Fue decisivo para mí. El me metió a fondo en el mundo obrero. Después de años asumí un compromiso con los DDHH y todo eso.

JORGE: ¿Conoció a Hurtado antes de irse a estudiar fuera de Chile?

JOSÉ: No, prácticamente no.

JORGE: Usted no se considera vocación de Hurtado…

JOSÉ: No. Yo entré a la Compañía cuando Hurtado estaba en Europa. Lo conocí el año ‘36. Entré el ‘33. Lo conocí cuando él volvió de Europa. Luego tuve contactos episódicos con él, hasta el año ‘51 que me tocó estar de ayudante suyo en la ASICH. Desde entonces tuve con él un contacto constante. Esto me mostró un hombre fuera de serie. Totalmente. Transparente, entregado y todo. A mí me impactó mucho, entregado al mundo obrero, interesado en eso, hasta de hacerse él mismo obrero.

JORGE: Quiso ser obrero, y no pudo.

JOSÉ: Sí. No pudo y con razón. No tenía el físico para una vida obrera.

JORGE: Una última pregunta sobre los Papas. ¿Qué puede decir de los Papas de los últimos cincuenta años? Puede incluir también a Pío XII.

JOSÉ: Pío XII fue el primer Papa que conocí y fue un patriarca, como una figura solemne. Nosotros en ese tiempo, durante los primeros años de enseñanza de moral, siempre estábamos pendientes de lo que el Papa diría para comentar su opinión. Esta era fundamental. Después que murió el Papa, Juan XXIII no abordó ningún tema moral importante. Hablaba de los pajaritos. De aquí que los moralistas tuvimos que comenzar a pensar por nuestra cuenta. Antes todo era comentar a Pío XII.

JORGE: Y, sin embargo, Juan XXIII convocó el Vaticano II…

JOSÉ: Sí, tengo mis ideas sobre Juan XXIII. Creo que hasta el Concilio fue muy a la antigua. La última encíclica que escribió, Mater et Magistra, era de las tradicionales. Me parece que él no fue autor de ningún cambio en el Concilio. Fue sí el primer receptor de los cambios del concilio. Yo tengo escrito todo un estudio sobre ese punto. Juan XXIII abrió las ventanas de la Iglesia después de la primera sesión del Concilio, pero no antes. Fue simplemente un Papa tradicional, hasta que el Concilio lo convirtió a él. No es que él convirtiera al Concilio.

JORGE: Y murió poco tiempo después. ¿Pablo VI?

JOSÉ: Pablo VI fue muy inteligente, pero muy tímido. En realidad tiene encíclicas fundamentales, sobre el desarrollo de los pueblos. Pero contradictorio, ¿no? Por ejemplo Humanae Vitae.

JORGE: ¿Qué piensa usted de Humanae Vitae?

JOSÉ: Era muy fuerte cambiar en este punto. Había toda una tradición. No se atrevió a innovar.

JORGE: Juan Pablo II, ¿cuál es su impresión?

JOSÉ: Un papa polaco que tenía dos cosas: en primer lugar era muy anticomunista. Y, la segunda, era muy contrario a la Teología de la liberación. Juan Pablo II echó para atrás el Concilio. Pensó que se nos había pasado la mano con el Concilio.

JORGE: ¿Qué importancia tuvo para usted la Teología de la liberación?

JOSÉ: La Teología de la liberación me llegó después de que fui provincial, a través del interés por Medellín y Puebla. Veía que era necesario ir más allá de la posición democristiana. Más allá de la Doctrina social de la Iglesia. Esta se limitaba a lo que los papas habían dicho. No se renovó con el Concilio. El Concilio pudo haber renovado la doctrina de la Iglesia. Se mantuvo esa doctrina y marcó un poco una línea de centro. En cambio, en el Concilio Vaticano II hubo una Iglesia de izquierda, una Iglesia de contacto con el cambio, de exposición al mundo. En Chile nos marcó la posición de Bigo, Françou, ILADES, que era la doctrina de la Iglesia un poco el centro.

JORGE: Don Pepe… y Benedicto XVI, ¿qué le ha parecido como Papa?

JOSÉ: Tengo simpatía con él, por ser serio, sistemático. Pero fue muy duro, muy dentro de una lógica de la inquisición, ¿no? La Congregación para la doctrina de la fe… Se ha mostrado después que fue un Papa muy auténtico, yo diría. Bastante racional, bastante doctrinal, de otro carácter que el Papa actual.

JORGE: Antes de pasar al actual, se dice que Benedicto XVI va a ser recordado por dos cosas: una por haber enfrentado los escándalos sexuales del clero y otro por haber renunciado. ¿Qué le parece a usted?

JOSÉ: Sí, ambas cosas. Creo que lo primero le sugirió el deseo de ser Papa, para poner fin a esa situación.

JORGE: ¿Y Francisco? ¿Qué le ha parecido como Papa?

JOSÉ: Francisco, bien. Está haciendo lo que puede hacer. Lo que puede hacer, sin embargo, no es mucho. Él está en la cabeza y la iglesia no se renueva desde la cabeza, sino que tiene que renovarse fundamentalmente desde la base. Pero desde la cabeza está haciendo mucho y lo está haciendo muy bien.

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