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20 años de la Universidad Alberto Hurtado

La Alberto Hurtado cumple 20 años.

Su fin ha sido integrar fe y cultura, y fe y justicia, en tiempos de cambios grandes y acelerados, en un país que se supera a sí mismo, pero que debe encarar injusticias antiguas y nuevas.

La UAH entró en el campo de batalla –porque el mercado de la educación superior ha sido una especie de guerra- con una tradición intelectual respetable: el Cisoc (estudios socio-religiosos), el Cide (investigación en educación), el Colegio Loyola (formación en filosofía y humanidades para los jesuitas) e Ilades (concentrado en la Doctrina Social de la Iglesia), además de tres bibliotecas: la de los jesuitas, la de la revista Mensaje y la del Centro Belarmino.

Han sido años de lucha. La universidad no comenzó económicamente fundada. Ha debido allegar recursos con enormes esfuerzos. Ha sido necesario pasar las vallas de las acreditaciones. Hoy está acreditada por 5 años, incluidos investigación y postgrados. Levantó el primer doctorado en sociología en Chile. Ahora tiene cinco doctorados: en filosofía, en educación con la Diego Portales, en trabajo Social con Boston College y uno en psicología, que está comenzando.

Tratándose de una universidad de investigación tiene profesores de primer nivel. Es un hervidero de ideas, de paneles, de seminarios, de lanzamientos de libros, de cruces interdisciplinares.

Pero su mayor orgullo son sus estudiantes. Más de la mitad de ellos estudian con gratuidad. La universidad sintoniza con una de las principales aspiraciones del país: educación de calidad para todos. Los estudiantes provienen de todas las comunas de Santiago.

Las dependencias de la universidad se hallan justo al centro de la ciudad por donde circulan las personas más diversas y ocurre de todo un poco. Como también otras universidades, estos años tan revueltos la UAH ha debido sufrir los asaltos de sectores estudiantiles recalentados. ¡Qué se le va a hacer! Es parte del cuento.

El 19 de octubre se agradecerá a Fernando Montes el titánico esfuerzo fundador. Habrá de recordarse a otros titanes: Fernando Verdugo, Gonzalo Arroyo, Andrea Vial, Jorge Larraín, Eduardo García-Huidobro, Jorge Rodriguez, Davor Harasic, Alberto Vázquez, Alberto Hurtado Fuenzalida y Hugo Yaconi, que hicieron bien la pega y más. A otros, los ciclópeos que aún trabajan en ella, no los menciono. Son muchos y muchas.

La belleza del campus se debe en buena medida a Alberto Labbé, arquitecto, que ha debido bregar contra los más diversos gustos. Pero también a un batallón de servidores y servidoras que tienen todo impecable.

Recuerdo cuando con Eduardo Silva redactábamos los programas de los cursos filosóficos. Para decir una palabra sobre la precariedad inicial. Eran los comienzos. Hoy Eduardo es rector. Yo, nada más que un mirón. Mi ventana da al patio de la universidad. Miro hacia abajo, veo a los chiquillos y profesores conversando, jugando, riéndose, y siento una enorme alegría.

Las universidades católicas a 50 años de la Reforma

A 50 años de las Reforma universitaria, algo más se puede esperar de las universidades católicas. Las miradas se centran en su autonomía (hacia afuera) y la libertad (hacia adentro). Este par de asuntos atañe a todo tipo de universidades. En las “católicas”, la cuestión tiene ribetes teológicos.

La razón de ser de las universidades católicas radica en Dios. Los cristianos creen que Dios “cree” en el ser humano. Esto es, que Dios confía que el ser humano puede sacar adelante la creación con su razón. Por lo mismo se puede decir: Dios “cree” en la universidad y celebra que los universitarios busquen libre y desinteresadamente una verdad que está implicada en Cristo, pero que nadie tiene cómo explicitar saltándose el escrutinio de los pares académicos o de los estudiantes sean cristianos o no.

Los problemas que a este respecto se plantean en las universidades católicas tienen que ver exactamente con la fe. Lo digo en dos sentidos. Primero, suele ocurrir que las autoridades eclesiásticas tienen mucho menos “fe” en el ser humano que la que Dios tiene en él. Esta carencia las lleva a tomar decisiones en la universidad que inhiben o claramente dañan la libertad que necesitan las facultades y los académicos para cumplir su misión. Esto es especialmente perturbador cuando en las universidades católicas se piensa que la fe de los universitarios en Dios es más importante que la fe de Dios en los universitarios. La piedad religiosa en los campus de estas universidades requiere ser observada con lupa, porque regularmente da pie a las confusiones más lamentables. Imaginar que por tener “fe religiosa” puede un universitario sacar ideas directamente de Dios como se hace de un cajero electrónico, constituye una suerte de “herejía”. El monofisismo es una herejía cristológica que, en términos contemporáneos, lleva a pensar que Jesús de Nazaret, por ser Hijo de Dios, fue eximido de la fatiga de la libertad, de pensar y de creer.

El asunto es complejo, en segundo lugar, porque la razón de ser de las universidades católicas es la inculturación del Evangelio. Si en una universidad católica la fe en Cristo no tuviera nada que aportar a la razón en su búsqueda de la verdad; si en ella los creyente pudieran acudir a las aulas en la mañana y a la iglesia por la tarde sin que ambas dimensiones de su vida no hicieran ningún contacto, la universidad incurriría en la herejía contraria: el nestorianismo. Esto es, que el Hijo de Dios y Jesús de Nazaret concurrirían en un mismo personaje, conservándose en él de algún modo incomunicadas las cualidades de uno y de otro.

¿Qué es inculturación del Evangelio? Es una apuesta. La Iglesia apuesta a que es posible articular fe y razón, fe y ciencia, fe y cultura en orden a configurar un mundo justo y fraterno. Es una apuesta, porque nadie tiene una receta para producir esta combinación de elementos heterogéneos. Solo se lo puede conseguir probando y equivocándose, haciéndose cargo del desgarro de la humanidad, luchando contra los poderes fácticos (empresas, grandes donantes, partidos, Estado) que desvían las energías intelectuales para alcanzar bienes particulares (no uni-versales). Las universidades se deben a la totalidad de la humanidad. Las universidades “católicas” (en griego, “universales”) lo mismo, por esta precisa razón.

La tarea de las autoridades eclesiásticas universitarias debiera consistir en proteger a las universidades de estos poderes. Es decir, defender su autonomía. Y, por otra parte, buscar la manera de poner en juego el cristianismo dentro de la universidad, con un respeto sagrado por la libertad de sus integrantes. Pues el cristianismo no es “la verdad”. Es una apuesta a que existe una verdad, Cristo, que solo se reconoce cuando nos hace profundamente humanos y hermanos entre todos.

El impacto de Lutero en la Iglesia Católica

Martín Lutero debe ser el personaje más impresionante e influyente en los últimos 500 años en el Occidente cristiano. El año 1517 clavó 95 tesis reformistas en las puertas de la catedral de Wittenberg, comenzando así un distanciamiento progresivo de la Iglesia Católica romana. La ruptura final fue apurada por los conflictos políticos entre Carlos V, los príncipes alemanes y el papado.

Hoy las iglesias de la Reforma luterana y católica han avanzado notablemente en el camino de la reconciliación, tras años de discordias e incluso guerras religiosas. Ecumenismo se ha llamado el movimiento en búsqueda de la unidad perdida, movimiento que recibió un impulso formidable en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Es así que en distintas partes del mundo se conmemora todo lo que Lutero ha significado.

Hablo de lo que conozco más de cerca: el impacto positivo de la Reforma en la Iglesia latinoamericana. Este se deja ver en la importancia dada a partir del Concilio a la Palabra de Dios, al bautismo como el común denominador de la única Iglesia de Cristo, al carácter de servicio de los ministerios y cargos, a la libertad de los cristianos para pensar y expresarse y, por ende, a la posibilidad de exigir reformas religiosas. Los católicos agradecen a los luteranos todos estos valores, recuperados de la más antigua tradición de la Iglesia (cf. declaración conjunta: Del Conflicto a la comunión, 2013). Los protestantes, por su parte, tendrán que reconocer de los católicos que se es fiel a la Escritura cuando se la conserva en una tradición interpretativa que, para ser verdaderamente plural, requiere de una autoridad que cuide la comunión.

En particular conozco de cerca el influjo benigno de los protestantes en algunos movimientos ecuménicos y en las comunidades eclesiales de base de la Iglesia popular en América Latina. En nuestro medio hemos conocido al Movimiento carismático en el que mucha gente ha podido experimentar a un Dios cercano y amoroso, un Dios que sana, al que se le ora en el Espíritu Santo, Espíritu que une a la comunidad y le hace alabar con alegría. Algo parecido puede decirse de Fondacio, que además de estas características tiene una apertura enorme a todos tipo de personas y espiritualidades, y una gran aspiración de solidaridad social.

Siempre de un modo indirecto, el protestantismo ha inspirado a las comunidades eclesiales de base promovidas por la Iglesia latinoamericana y la Teología de la liberación. En ellas el ícono ha sido el pueblo sencillo con la Biblia en las manos. La Iglesia liberadora en América Latina puso la Escritura a disposición de los campesinos y obreros, de gente ignorada y explotada para que descubrieran que ella había sido escrita preferencialmente para ellos, para que creyeran en el Dios de la vida y de los pobres, el Dios que rechaza todo tipo de opresiones. Muchas de esas personas, de hecho, aprendieron a leer con la Biblia. Esta, probablemente en varios casos, fue único libro que hubo en sus casas. En la Iglesia popular latinoamericana la Palabra de Dios ha ayudado a los pobres a comprender sus vidas, a caer en la cuenta que la pobreza no es una fatalidad sino la consecuencia exacta de un tipo de capitalismo despiadado y a reconocer su igual valer con todos los seres humanos. Estos católicos han llegado a ser adultos gracias a su fe, adultez que algún día tendrían que adquirir el resto de los católicos, laicos, sacerdotes y obispos, víctimas del clericalismo que el Papa Francisco no se cansa de atacar.

Se cumplen 500 años de la Reforma. Bien haríamos los chilenos en levantar la mirada, dejar de lado por un rato las discordias por los episodios del último Te Deum, y agradecer a los hermanos y hermanas evangélicos todo lo que Chile les debe. Hagamos memoria de las personas que ellos han rescatado de las adicciones, de los enfermos y encarcelados que recibieron una palabra de esperanza, de los profetas que guitarra en mano, parados en las esquinas predicando en el desierto, nos han hecho creer que es posible un mundo mejor. Los que han podido participar en sus comunidades han conocido a un Dios que justifica gratuitamente, en concreto, que valida a las personas no por sus apellidos o su capacidad de consumo, sino porque Cristo las ama. A la tradición luterana se le debe en gran medida que los seres humanos nos validemos unos a otros por una dignidad trascendente.

Un TE DEUM de muchas religiones

Ha sido bochornoso el desarrollo del Te Deum evangélico. No ha de ocurrir algo parecido en el Te Deum católico el 18 de septiembre.

¿Cuál es finalidad de un Te Deum? Si un Te Deum admite objetivos extras al de “dar gracias a Dios” por una patria compartida entre muchos y diversos, corre un riesgo mortal.

La semejanza entre el Te Deum evangélico y el católico está en que, además de servir a la alabanza de Dios, fungen de tribuna para recomendaciones o críticas políticas. ¿Está dispuesta la autoridad política a seguir oyendo estos discursos? No sabemos. Pero sí podemos suponer que los políticos asisten o no asisten a la ceremonia religiosa con un ojo puesto en las próximas elecciones y el otro en el fin de semana largo. Esto no excluye que los mismos políticos se interesen por lo que buenamente tenga el obispo o el pastor que decirles, aunque se trate de una crítica.

Las iglesias tienen que evaluar cómo seguir. Lo ocurrido en la Alameda con Jotabeche posiblemente marque un antes y un después. Lo ocurrido en la Plaza de Armas los últimos años, la disminución de asistencia de invitados, puede ser señal de una baja de interés.

Desde 1811 el Te Deum es un acto político-religioso. En él están presentes todas las instituciones del país. Pero, ¿basta con que sea tradicional para que siga(n) realizándose? Otra pregunta: ¿qué obligación tiene el Estado de Chile de hacer participar en un Te Deum a sus representantes? Por otra parte, si se trata de una celebración política-religiosa ella se presta, por ejemplo, para una utilización política partidista de campaña, como parece haber sucedido en el templo protestante.

Entiendo que una democracia moderna debiera auspiciar y ser garante de la diversidad ideológica, cultural y religiosa. Estas le dan vigor a una sociedad, sentido de la vida, altísimos valores. La custodia de esta diversidad debiera ser una tarea principal del Estado. La laicidad del Estado no debiera defenderse de, ni tampoco menoscabar a las versiones de humanidad de la sociedad, sino custodiarlas. Esto mismo, sí, le obliga a no privilegiar a ninguna sobre las demás. El Estado debe ser neutral, pero no neutro: debe velar para que haya respecto y justicia en la importancia que merecen los credos, y no prestarse para discriminaciones odiosas.

Tampoco veo problema en que las iglesias y religiones manifiesten sus posturas humanísticas y políticas en el foro público, y que el Estado deba escucharlas aunque le sean críticas. Pero si le son adversas a sus representantes en un Te Deum, entre cuatro paredes y en nombre de Dios, las iglesias arriesgan tener que rellenar las bancas con invitados cualesquiera que van pasando por la calle. Esta ceremonia no es la instancia de expresiones políticas sin posibilidad de réplica.

Tal como se están dando las cosas, ambos Te Deum tendrán que revisar su modalidad futura. Los tiempos han cambiado. Los católicos bien saben que, para ser fieles a la Tradición, deben modificar las tradiciones. Chile no es más un país católico, es cosa de ver las estadísticas, y no parece necesario que vuelva a serlo. Poco queda de la cristiandad, laus Deo. No hace muchos años los evangélicos crearon su propio Te Deum. ¿Por qué debían ser siempre visitas en la casa de la iglesia predominante? En la actualidad el Te Deum católico ha asumido la abigarrada diversidad étnica y espiritual del país: mapuches, judíos, musulmanes, protestantes, ortodoxos… La pluralidad que se expresa en la catedral es de una enorme hermosura. Pero esto no basta. Todavía la Iglesia católica hace de anfitriona y a muchos comienza a molestar verse mirados de arriba abajo y obligados a escuchar un sermón.

Lo más tradicional del Te Deum es dar gracias a Dios por la patria. Cuando la patria ha llegado a constituirse en virtud de las más diversas tradiciones, la fidelidad al Te Deum demanda repensar su(s) realización(es).

Para cumplir con el fin de estas ceremonias, para que los Te Deum no tengan fin, algo tiene que terminar. Quizás sea bueno que haya uno solo, lo más plural posible y en el que ningún credo parezca simbólicamente más importante.

La Iglesia católica en pausa

La Iglesia Católica en Chile se prepara a la venida del Papa. ¿Será importante su visita? Suponemos que sí. Pero, ¿será decisiva? Es decir, ¿podrá marcar un antes y un después? Urge que así sea.

Vista la Iglesia a la distancia de los últimos sesenta años, distingo dos grandes etapas, y espero una tercera. Desde 1961 hasta 1991, su planteamiento pastoral puede ser denominado “Catolicismo Social”. Esta larga etapa, a su vez, tuvo dos períodos. El primero, antecedido por la atención que la jerarquía católica puso a la “cuestión social” desde el siglo XIX, cuyo difusor fue el Padre Hurtado, tuvo por hito el impulso de la reforma agraria. Precisamente el año 1961 el episcopado decidió motivarla con la cesión de las propiedades de las diócesis, iniciativa concretada de un modo emblemático por don Manuel Larraín y el Cardenal Silva Henríquez.

El segundo período, desde 1973 hasta 1991, la jerarquía católica, los sacerdotes y las religiosas, laicos y laicas cristianos y creyentes en la parábola del buen samaritano, se abocaron a la defensa de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, personas ejecutadas, desaparecidas, torturadas, y al acompañamiento y cuidado de sus familiares. El ícono de estos años fue la Vicaría de la Solidaridad. La Iglesia Católica chilena interpretó el Evangelio como nunca lo había hecho en su historia. También por estos años, a instancias del obispo Juan Francisco Fresno, ella convocó al Acuerdo nacional que tuvo por objeto luchar para recuperar la democracia. En esta etapa, en sus dos períodos, la postura eclesiástica oficial fue bien acogida por unos, pero resistida por otros. Ya por estos años, sin embargo, se hizo sentir la resistencia de sectores conservadores a las reformas del Concilio Vaticano II. Progresivamente se le quitó el piso a las comunidades eclesiales de base en las que se dio mayor participación a los pobres en la Iglesia y, al mismo tiempo, se fortalecieron movimientos laicales de clase alta que pusieron mucho énfasis en temas de familia y de sexualidad.

Recuperada la democracia, desde 1991 hasta 2017, se abrió una nueva etapa pastoral que puede denominarse “Catolicismo sexual”. La inauguró la carta pastoral de Monseñor Oviedo titulada: “Moral, juventud y sociedad permisiva” (1991). En esta etapa los obispos han denunciado el deterioro de la moralidad en el campo de la sexualidad: se oponen a las experiencias sexuales fuera del matrimonio, a los anticonceptivos, a los preservativos para evitar el sida, a la “píldora del día después”, a la fertilidad asistida, a los textos de enseñanza de educación sexual en los colegios, a la ley de divorcio, a la ley de aborto, a la de ley de unión de parejas del mismo sexo y, ahora último, a la ley de matrimonio homosexual. El resultado de esta etapa es tristísimo. No se ve cómo la Iglesia jerárquica puede estar en contra de la ley de despenalización del aborto en tres causales y, al mismo tiempo, no aceptar la contracepción artificial. Pero nada ha sido peor que, tras haber declarado una crisis moral sexual en la sociedad, hayan salido a la luz pública graves casos de abusos sexuales del clero contra menores de edad y personas frágiles, constatándose a la vez desidia y gestiones de encubrimiento de parte de los superiores jerárquicos y haciendo oídos sordos a las demandas de justicia de las víctimas. Después de veinticinco años, la pérdida de credibilidad en nosotros los sacerdotes ha puesto en grave peligro la transmisión de la fe.

La visita del Papa Francisco, en enero próximo, pudiera marcar el comienzo de una tercera etapa. Esta podría llamarse “Catolicismo socio-ambiental”. Más que una posibilidad, es un deseo personal mío, pero que tiene una sólida base en Laudato si` (2015), la encíclica social más importante desde Rerum novarum (1891). El planeta enfrenta una situación dramática y, en el caso de los más pobres, inminentemente trágica. ¿Qué puede aportar la Iglesia? La encíclica es un cargamento de ideas. A mí parecer, la Iglesia chilena, jerarquía y laicado, debiera capacitarse y, antes de esto, convertirse al Dios de la creación. El país necesita una mística de amor a la tierra. Bien pudiera la Iglesia cultivarla, para luego iniciar a otros en ella. La tradición judeo-cristiano tiene un acervo milenario de experiencias, de intentos y de fracasos, de vías purgativas e iluminativas, de palabras e imágenes, de sentimiento y de arte, todo lo cual pudiera aprovecharse. Necesitamos una mística, es decir, una visión y convicción espiritual, una sensibilidad estética y un compromiso ético con la humanidad y todos los seres que nos hagan gozar con la creación y, en la medida de nuestras pocas fuerzas, cuidarla amorosamente.

Los cristianos no están preparados para esta batalla. En realidad, son parte del problema. Por esto, tendrán que conectarse espiritualmente con el medio ambiente humano y ecológico, reenfocar por completo la educación, generar nuevos estilos de vida y una nueva cultura. Deseo que en esta tercera etapa, la del “Catolicismo socio-ambiental”, los católicos, en humilde colaboración con los otros cristianos, con los fieles de otras religiones, con los seguidores de cualquier idea noble y humanista, anuncien al Jesús olvidado que hablaba de Dios con su experiencia de artesano y en metáforas.

Declaración protectores del Río Claro-Siete Tazas

Proyecto de hidroeléctrica de empresa Electrade amenaza el Rio Claro- Siete Tazas.

• Rio Claro es un río sagrado por nacer en el Parque Nacional Siete Tazas y una zona de alto potencial turístico por su naturaleza única.
• Cientos de especies de flora y fauna habitan nuestra cuenca, varias de ellas en peligro. Incluso ha vuelto el pudú!
• Los chilenos amamos las Siete Tazas. No puede ser sacrificado.
• La empresa italiana Electrade pretende construir una hidroeléctrica de paso causando un desastre ambiental y social.
• Produciría solo 7 a 10 MW, destruyendo la cuenca, el río, la flora, la fauna y a la comunidad. Chile no necesita más electricidad, tiene 140% de sus necesidades cubiertas.
• ¡ Es un proyecto obsoleto ! Hoy se promueve la energía solar y eólica. Chile va a ser líder regional en esas energías. No más destrucción innecesaria por ninguna hidroeléctrica en Río Claro.
• No venderemos a ningún precio.
• Electrade ha demostrado malas prácticas desde su inicio y solo quiere utilidades rápidas para llevarlas a Italia a costa de nuestra naturaleza.
• No ganamos nada, perdemos todo.
• Este proyecto afectaría también a agricultores y regantes río abajo.
• Todo lo que conservemos será fuente de empleo para todas las generaciones a venir y no solo para ésta. Todo lo que destruyamos es fuente de pobreza para hoy y para el futuro.
• Creemos fuentes de empleo en turismo, educación ambiental, agricultura ecológica y conservación. Esas nunca se acaban si conservamos nuestro territorio.

S.S el Papa Francisco le pide al mundo de todos los credos una toma de conciencia:

“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”.

La localidad de Maitenes se encuentra en la comuna de Río Claro, séptima región. Es una comunidad rural a riberas del Río Claro que nace en el Parque nacional Las Siete Tazas y donde prima la agricultura familiar, algunas plantaciones de frutas de exportación, el ecoturismo creciente y la conservación.
Ahí se encuentran también el centro de retiro de los Jesuitas y las tierras de Fundación Origen con su proyecto educacional del Instituto para la Paz y el Desarrollo Sostenible.

La empresa Italiana Electrade compró los derechos de agua del río para hacer una hidroeléctrica sin consultar antes ni con vecinos ni con las autoridades locales, diseñó un trazado en los mapas de Google desde Italia según lo que ellos mismos nos dijeron. No conocían el lugar ni su comunidad, ni la riqueza en biodiversidad de la zona. En el mes de Mayo intentaron entrar a los predios de los vecinos que afectaría esta hidroeléctrica queriendo hacer calicatas para el estudio de factibilidad del proyecto. Esos estudios del suelo tienen por fin saber si la tierra contiene suficiente arcilla para no tener que recubrir las paredes en todo el trazado del canal y así abaratar costos.

Llegaron intentando engañar a los vecinos, hasta a hacerse pasar por funcionarios de la DGA, Dirección General de Aguas. La gran mayoría de los vecinos no los dejó pasar. A pesar de eso nos confesaron haber caminado
nuestros predios sin autorización de sus dueños.(conversación que grabamos con su autorización)

En reunión con los representantes de la empresa Electrade, Emerge de Curicó, nos enteramos de que esos derechos de agua se habían comprado para hacer una hidroeléctrica de paso que desvaría el río en 7 kilómetros para darle la cota necesaria para producir energía. En esos 7 kilómetros se excavaría un canal de 10 metros de ancho y de entre 30 y 50 metros de ancho de servidumbre para caminos, cruzando por quebradas frágiles y ricas en biodiversidad tanto en flora como en su fauna. Generaría un desastre ambiental en los 7 kilómetros por tierra, cortando los campos en dos. El río se secaría a pesar de que hablan de dejar un caudal ecológico, que se calculó a la normativa antigua de esta matriz la que considera un porcentaje de agua mucho menor que lo que rige la normativa actual. Además, los caudales de los últimos años del Río Claro son significativamente menores debido al cambio climático, lo que implica que de acuerdo a los derechos de agua que tienen otorgados (10mt3 en promedio) en la situación actual secarían el río. Los daños ambientales se harían sentir río abajo en toda la cuenca afectando además a agricultores y regantes como ya ocurre en otras localidades. Lo que se ha visto con las centrales de pasada de la cuenca del río Maule es que las empresas prefieren pagar las multas antes de parar su negocio energético.

Estos señores también explicaron que no pretendían someterse a un estudio de impacto ambiental (EIA) pero solo una declaración de impacto ambiental (DIA), para proyectos de bajo impacto a pesar de que la legislación chilena establece que en las siguientes condiciones (entre otras) se debe realizar un EIA:

1. Efectos adversos significativos sobre la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, incluido el suelo, agua y aire.
2. Localización en o próxima a poblaciones, recursos y áreas protegidas, sitios prioritarios para la conservación, humedales protegidos, glaciares, susceptibles de ser afectados, así como el valor ambiental del territorio en que se pretende emplazar.
3. Reasentamiento de comunidades humanas, o alteración significativa de los sistemas de vida y costumbres de los grupos humanos.
4. Alteración significativa, en términos de magnitud o duración, del valor paisajístico o turístico de una zona.

Este proyecto afecta a todas estas categorías y por lo tanto no podría obviar el EIA como pretenden.

La empresa Electrade y sus representantes nos explicaron que deben hacer un proyecto de “bajo costo para ellos y que un EIA es muy costoso”. Por otra parte pretenden hacer un canal abierto sin recubrir las paredes del canal, nuevamente porque sería muy costoso. Desde sus inicios la actuación de esta empresa ha mostrado ser de una falta de seriedad impresentable. La única razón de ser de su inversión es generar dinero rápido para sus inversionistas italianos sin el
menor respeto por la comunidad, las autoridades locales, nuestra legislación y sobretodo por la riqueza y vulnerabilidad ecosistémica de la cuenca del Río Claro-Siete Tazas.

Los precios de la energía han bajado significativamente en Chile y el negocio ya no es lo que era hace algunos años por lo que intentan además bajar los costos de construcción e implementación.

Creemos que esta empresa no podría actuar así en Italia.

Según funcionarios y profesionales en el tema energético a quienes le hemos solicitado su opinión, este tipo de proyecto hidroeléctrico ya está obsoleto técnicamente y no se justifica la magnitud de la destrucción para la poca cantidad de energía que produciría. Una obra de gran envergadura y destrucción con el fin de producir solo 7 a 10 MW de energía.

Chile ya no necesita energía, la tiene de sobra, hoy estamos produciendo 140 % de nuestras necesidades reales (fuentes oficiales). Lo que se proyecta es exportar
energía a Argentina y a Perú a costa de nuestra naturaleza.
Los expertos (funcionarios, científicos y ambientalistas) concuerdan que se
debe remplazar las termoeléctricas altamente contaminantes (50%) por energías renovables no convencionales tales como la solar y la eólica, el futuro energético de Chile. Pero en ningún caso seguir destruyendo los mares, los ríos, cuencas y la biodiversidad única de esta zona del mundo.

La construcción de esta obra contemplaría desviar el río y hacer caminos cada
un kilómetro para excavar el canal con maquinaria pesada por 7 kilómetros.
La excavación y extracción de toneladas de tierra ocuparía camiones que destruirían la tierra agrícola y bosques nativos con especies de flora y fauna en peligro.

Además del daño ambiental, existe un gran daño social.
La experiencia de estos proyectos es que destruyen las comunidades,
su vocación rural y turística. Dividen a las familias al tentar con compensaciones económicas por algo que no tiene como ser compensado. Aprovechan las necesidades de las personas e inculcan el miedo a no vender, a ser los
únicos que no van a recibir nada. Engañan y corrompen. Aducen a la necesidad de generar empleo pero en esa zona existe mucho empleo generado por la producción frutícola. Los empleos que generan proyectos hidroeléctricos son esporádicos y se trae personal de fuera de la comuna, lo que aumenta la problemática social. Conocemos los ejemplos de otras localidades tales como el Cajón del Maipo, el Alto Bio Bio y otras obras en nuestro país. Se tardan generaciones para reparar lo que ocurre a nivel social después del paso de estas empresas.

Protectores del Río Claro y las Siete Tazas

La zona de Maitenes está a 10 kilómetros del parque nacional Las Siete Tazas y a pesar de no estar dentro del parque goza de las mismas especies protegidas y vulnerables. Toda la cuenca del Río Claro hasta la carretera debería ser protegida por ser un río “en extinción”, un río sagrado.

Según fuentes de Conaf esta es una de las zonas más biodiversas de Chile con paisajes de transición entre los ecosistemas esclerófilos de la zona centro norte y del bosque templado y siempreverde de la zona sur. Se encuentran especies de flora como el radal, el coihue, el avellano, ciprés de la cordillera, hualo, olivillo, y especies en categoría de conservación como el naranjillo y el belloto. En cuanto a fauna se encuentra el pudú, el puma, el zorro culpeo, el zorro chilla, el monito del monte, la yaca, el quique, la vizcacha, el gato colo- colo, la huiña y el chingue. En cuanto a la diversidad de aves están el loro tricahue, el pato correntino (en peligro e extinción), la torcaza, la cachaña, el halcón peregrino, el cóndor, el águila, el bailarín, el aguilucho, el carpintero negro, el buho, entre muchas otras.

Los vecinos de esta comunidad nos unimos para formar la agrupación de los Protectores del Río Claro- Siete Tazas. Nos oponemos sin condiciones a los proyectos de hidroeléctricas en nuestro río. No vamos a vender nuestras tierras, a ningún precio. Todos estamos trabajando para promover un desarrollo respetuoso y apropiado a nuestro entorno natural y a nuestra cultura local rural. Tenemos proyectos ecoturísticos, de educación, de producción agroecológica y de desarrollo espiritual, los que generarán oportunidades para muchos en la comunidad.

Esta zona tiene un destino agrícola y ecoturístico que debe ser preservado como fuente de desarrollo permanente para sus habitantes. Esta es una localidad única en nuestro país en cuanto a la calidad de la tierra agrícola, el paisaje, el clima, la belleza escénica y riqueza ecosistémica y atrae miles de personas todos los años al Parque Nacional Siete Tazas, uno de los cinco más importantes de Chile.

Todo el esfuerzo de las autoridades nacionales, regionales y locales puede centrarse en fomentar la inversión turística y de conservación de la naturaleza, en alianza con universidades y con las comunidades, para generar empleo duradero y digno, rescatar las tradiciones culturales y generar desarrollo sostenible para nuestro país.

Todo lo que conservemos será fuente de empleo para todas las generaciones a venir y no solo para ésta. Todo lo que destruyamos será fuente de pobreza para el futuro.

Promovemos un tipo de desarrollo sabio donde todos ganan; ganan todas las personas cuya vida es inseparable de la naturaleza.

Salvemos el Río Claro-Siete Tazas

Directiva Protectores del Río Claro- Siete Tazas
protectoresrioclaro@gmail.com
Mary Anne Müller
Jorge Costadoat sj
Gabriel Zegers
Javiera Fernández
Manuel Ponce
José Mardones
Carlos Capurro
Daniel Zúñiga
America Opazo
Jimena Zúñiga
Miguel Ayala y Sra.

Electrade vs el río sagrado de las Siete Tazas

Chile es un país hermoso. Muchos chilenos lo han comenzado a conocer -antes no habían tenido los medios para hacerlo-, y quedan maravillados con sus paisajes. La pre-cordillera es una maravilla. Es un privilegio tenerla tan cerca.

Entre los muchos ríos de las regiones céntricas del país, el Río Claro, que en unión con el Lircay son el alma de Talca, es sin duda un río sacro. Es el río sagrado de las Siete Tazas. Estas distan 55 km de Molina. Son el orgullo de esta ciudad y de los habitantes de la VII Región. El Maule es poderoso, pero en gracia el Río Claro es más. Talvez sea porque su recorrido es sinuoso, calmo, en sus orillas la meditación es más fácil. Dificulto que en Chile haya un río con un comienzo tan elegante. Esas Siete Tazas de aguas en cascada, el Velo de la Novia, el Salto de la Leona son de una hermosura incomparable. La armonía de la aguas, gélidas y trasparentes, apaciguan el espíritu e invitan a mirar con lupa la vida que brota a borbotones en sus orillas.

Donde hay agua hay vida. En la cuenca de las Siete Tazas abundan las especies vegetales y animales típicas de la Zona Central. Aves, por montones: pitíos, torcazas, tucúqueres, cachuditos, chunchos, tordos, diucas, colegiales, fío-fíos, chercanes, jilgueros, raras, tiuques, cernícalos, tencas, liles, garzas, choroyes y varias familias más. Son unas 270 especies. Se dan naranjillos, quiyalles, peumos, maquis, olivillos, maitenes, radales, espinos, bellotos, ruíles, boldos, litres, robles y arbustos varios. Hay nueve tipos de anfibios y veinte de reptiles. Hay pudúes, monitos del monte, quiques, güiñas, zorros, chingues… Y peces, cangrejos. E insectos de muchísimas clases. Flora y fauna que crece junta, que depende una de otra. Nada, sin embargo, nada, sería posible sin el río. Como en las demás partes del país, la vida pertenece a las aguas y las aguas pertenecen a la vida.

Me pregunto: ¿por qué el país no proyecta su desarrollo en clave estética? Sé que lo está haciendo. Conaf hace su parte, las municipalidades la suya. Nuestro país es sumamente bello. El desarrollo económico de Chile bien podría orientarse hacia el turismo. Los mismos chilenos podríamos reinvertir nuestros recursos en gozar de la tierra que tenemos.

Dejemos por un momento, empero, el valor económico de nuestros paisajes. Lo bello es gratuito. Si Chile aspirara a convertirse en un paraíso de la naturaleza, aunque saliera para atrás en las platas, valdría la pena intentarlo. Porque cuando se tiene espíritu y se busca la armonía con el prójimo y el cosmos, la captación de la hermosura en lo pequeño basta y sobra.

Duele infinitamente, por todo esto, que la empresa ELECTRADE se disponga a construir una hidroeléctrica de paso en el Río Claro. Consta que Chile tiene cubiertas sus necesidades de energéticas por nueve años más. Los países europeos viran progresivamente hacia las energías renovables no convencionales. Chile mismo da pasos extraordinarios en aprovechar el sol y los vientos. El país entre 2014 y 2017 ha doblado su energía renovable no convencional. Para el 2030 se espera que llegue a un 60% e incluso se dice que para el 2050 este tipo de energía podría cubrir el 100% de las necesidades energéticas. ¿Sacrificar al hijo de las Siete Tazas para exportar energía a otros países? ¿Hacer del agua un negocio de la empresa privada a costa de vida y la hermosura de Chile? ¿Cómo es posible que Italia permita que una de sus empresas incurra en esta barbarie? ¡Italia!

Este no es un proyecto sustentable.

Meterán camiones, romperán las riberas, desviarán el Claro en 7 kilometros, secando gran parte de su lecho. Construirán mamotretos de cementos hasta que el negocio dé, y se irán. Antes habrán engañado, comprado, compensado y finalmente desarraigado a los campesinos de sus tierras. Algunos de ellos están aterrados. El dinero conseguirá enemistar a los vecinos. Las comunidades serán destruidas. Empresas del tipo lo hacen en varios otros lugares del territorio. La historia es siempre la misma.

Pagarán las multas. Tienen plata.

Pienso que llega la hora en que todos, los empresarios, los funcionarios de gobierno, la ciudadanía, la derecha y la izquierda, levanten la mirada y, en vez de echarle la culpa a los demás, consideren acaso la belleza es un bien suficientemente importante como para que las próximas generaciones puedan gozarla y vivir de ella. La naturaleza, incluido el ser humano en ella, es una armonía. La belleza está en la armonía. La fealdad mata. La belleza –dice Dostoievski – “salvará al mundo”.

La misión de un parlamentario católico

Un político católico debe obedecer a las autoridades de su Iglesia. Pero a veces esto no es fácil. ¿Qué es exactamente obedecer? No siempre será evidente al político católico que ellas tengan razón. Cualquiera sea el caso, es útil distinguir entre hacer propia la enseñanza de la Iglesia y obedecer a los pastores una instrucción de orden político. Hay temas en que la enseñanza eclesiástica no es clara para los laicos. Hay situaciones en que esta enseñanza sí es clara y, sin embargo, las decisiones políticas pueden ser plurales. Exigir los obispos a los laicos una misma acción política, exigírselo especialmente a los parlamentarios, no corresponde.

Los católicos debieran confiar en las autoridades de la Iglesia. No es esperable que los laicos estén igualmente preparados en todos los temas sobre los cuales su Iglesia tiene algo que decir. Es ya mucho lo que han de aprender para ganarse la vida y sacar adelante a su familia. Deben, en consecuencia, hacer fe en la enseñanza de sus pastores. Estos, por su parte, tienen por misión iluminar el camino de los fieles en virtud de una investigación de las fuentes de la revelación (la Biblia y la tradición, interpretadas por los “padres”, los papas, los teólogos y la experiencia creyente de los mismos cristianos), el auxilio de la filosofía y de las ciencias modernas, además de la atención a los “signos de los tiempos”, en todo lo cual los mismos laicos, sea por su preparación profesional, su sabiduría acumulada y su experiencia espiritual, aportan muchísimo. Esta misión se hace más difícil cuando las respuestas del pasado no vienen al caso de las preguntas del presente. Forjar una enseñanza nueva para tiempos nuevos, es una tarea que requiere mucho estudio y energía. Demanda un ingente trabajo colectivo y una disposición a buscar la verdad mucho más que a defenderla.

La Iglesia -todos los bautizados- enseña cuando aprende. Ella misma es ignorante sobre una enorme cantidad de materias que los tiempos aún no le han planteado. Las autoridades eclesiásticas no poseen “verdades” guardadas que sacar de un baúl cada vez que se presenta un problema. Tampoco tienen “recetas”. Ellas nunca pueden olvidar que la humanidad, y la Iglesia misma, avanza en la historia a tientas. Deben recordar, más bien, que la Iglesia ha perfeccionado muchas veces su enseñanza. El respeto de la libertad religiosa, por ejemplo, constituye un avance doctrinal del Vaticano II (Dignitatis humanae 2). El Concilio contradijo la intolerancia de Pío IX en esta materia (Syllabus III, 15). Este progreso es uno entre muchísimos otros.

Lo que vale para los cristianos en general, tiene particular importancia para los políticos católicos. Estos y las autoridades de la Iglesia, por lado y lado han de respetarse en el cumplimiento de sus funciones. Los políticos han de confiar por principio en la enseñanza de sus pastores. Estos, por su parte, deben reconocer autonomía al ámbito público y, sobre todo, respetar el recurso a la conciencia de los políticos cristianos. La persona de Estado “tiene el derecho de seguir, según su conciencia, la voluntad de Dios y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno. Esta libertad, la libertad verdadera, la libertad digna de los hijos de Dios, que protege tan gloriosamente la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión y ha sido siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. Ésta es la libertad que reivindicaron constantemente para sí los Apóstoles” (León XIII, 1888).

Es así que la Iglesia en Chile debe esperar, e incluso pedir, que los senadores católicos cumplan el juramento que hicieron al asumir su cargo. Dice el Reglamento del Senado: “¿Juráis o prometéis, guardar la Constitución Política del Estado; desempeñar fiel y lealmente el cargo que os ha confiado la Nación, consultar en el ejercicio de vuestras funciones sus verdaderos intereses según el dictamen de vuestra conciencia y guardar sigilo acerca de lo que se trate en sesiones secretas, y respetar y acatar las decisiones de la Comisión de Ética del Senado?”. Algo parecido vale para los diputados.

Si algunos dignatarios eclesiásticos no están de acuerdo con que un católico jure algo así, podrán recomendarles que cesen en su cargo. Arriesgan, eso sí, que el parlamentario invoque en su contra la enseñanza de la misma Iglesia.

Continúa el Reglamento: “El nuevo Senador responderá: ‘Sí, juro’, después de lo cual el Presidente agregará: ‘Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, El y la Patria os hagan cargo’”.

Si el congresal católico jura y luego en el desempeño de su cargo no cumple su juramento, “peca”. Será un “pecado”, en su caso, no obedecer a Dios que le habla en lo hondo de su conciencia. El senador/a o diputado/a deben iluminar su conciencia con la enseñanza que las autoridades de su Iglesia le hacen saber, pero ellos no han sido elegidos para obedecer a sus pastores ni para defender su credo, sino para tomar las mejores decisiones políticas posibles atendidas las circunstancias, las posibilidades y las personas en cuestión. Es esto, sobre todo, lo que Dios, y su Iglesia, pueden esperar de los parlamentarios católicos.

El Papa Francisco encontrará una Iglesia Católica en crisis

¿Por qué el Papa visitará Chile? Es difícil saberlo. Pero una visita suya puede ayudar a una Iglesia chilena en crisis. Francisco puede reanimarla. Puede potenciar su compromiso con los más pobres.

Cobra especial relevancia que el Papa acuda a Temuco, territorio mapuche, donde se encuentran los más pobres del país. Su pobreza no es casualidad. Los mapuche fueron desplazados a las peores tierras por los chilenos que se hicieron del sur a mitad del siglo XIX. En las últimas décadas volvieron a entrar en la Araucanía empresas forestales y de extracción minera sin respecto por la sensibilidad eco-social de un pueblo que vive en paz con los demás y con la naturaleza. Hoy la zona, además de víctima de un genocidio histórico, experimenta la resistencia violenta de grupos mapuche extremos. La Iglesia en aquellos lugares desarrolla un trabajo pastoral importante en favor de los mapuche.

También es relevante que el Papa vaya a Iquique. Allí tiene lugar la fiesta religiosa de La Tirana, una de las más populares del país. Una fiesta de gente pobre y profundamente católica. Iquique es hoy, además, una ciudad de muchos inmigrantes. Personas que vienen de otros países latinoamericanos en busca de mejores condiciones de vida. Sabemos que el Papa tiene una especial preocupación por los migrantes. La Iglesia chilena también la tiene y desarrolla diversos apostolados en su favor.

Por otra parte, los católicos se encuentran en una situación de gran desencanto. Muchos abandonan la Iglesia. Los católicos en los últimos veinte años han disminuido prácticamente en un 20 %. En la actualidad deben ser un 57 % de la población (Latinbarómetro).

¿Cuáles son las causas? Sin duda la principal es un tremendo cambio cultural parecido al que tiene lugar en el resto del mundo, debido a una globalización que quiebra la cultura tradicional y socava por parejo las instituciones civiles y religiosas, incluidas las que promueven los mejores valores de la humanidad. Este cambio se debe en gran medida a la búsqueda económica de la máxima ganancia y el mercado que reduce las personas a individuos que han de competir para “ser alguien” por la vía del consumo, y no por el camino de la solidaridad. En este contexto el catolicismo chileno, de antiguo falto de vigor, se ha debilitado. Las pertenencias comunitarias están en crisis. Menguan las parroquias, las comunidades eclesiales de base, las comunidades religiosas, los movimientos laicales, el recurso a los sacramentos y la participación en la eucaristía dominical, y no hay visos de ningún brote de originalidad más o menos importante. Por otra parte, las ayudas internacionales se han reducido (clero, religiosos y religiosas) y las vocaciones han disminuido vertiginosamente.

¿Qué dirá el Papa a los católicos del 1% más rico que no tienen en qué más gastar su dinero mientras todavía hay gente que vive botada en las calles? ¿Mirará a los ojos a los católicos que acumulan el 0,1 % del patrimonio nacional, que compran de todo y a todos, que corrompen a la clase política y devengan pingües ganancias con sus favores?

La Iglesia chilena, por otra parte, ha sufrido como ninguna otra en América Latina el impacto de los escándalos de los abusos sexuales, psicológicos y espirituales del clero, y la falta de colaboración de las autoridades religiosas para hacer justicia a las víctimas. ¿Se reunirá Bergoglio con estas víctimas aunque sea solo para darles la mano? Es cierto que el Papa tendrá una agenda apretada. Pero podría priorizar un encuentro con ellas. También pudiera visitar las oficinas que han levantado las diócesis para acoger y atender los reclamos de justicia de personas abusadas. Ha habido aprendizajes importantes. Otras actividades de su agenda pueden caer.

Mi impresión es que los obispos y el mismo Papa no han caído suficientemente en la cuenta que lo laicos están estremecidos con estos escándalos. Los jóvenes no confían en el estamento eclesiástico. Las próximas generaciones exactamente por esta razón, no llegarán a creer en Dios. Se habrá cortado el testimonio del que depende la transmisión de la fe.

¿Qué dirá el mismo Francisco sobre la situación de la Iglesia de Osorno? Él nombró al obispo Barros a cargo de la diócesis y él lo ha mantenido a brazo partido. Rechazó el reclamo de los osorninos que no han querido tener como pastor a un hombre de Karadima. Haya sido Barros una víctima más, haya sido su colaborador, los católicos del lugar tienen perfecto derecho a reclamar (Nullus invitis detur episcopus, sostenía el Papa Celestino, “ningún obispo impuesto”). Por este reclamo el Papa ha tratado a la gente de Osorno de “tonta”. Debiera pedirle perdón. Urge, además, que encuentre una solución al problema creado. Los laicos están airados, los curas divididos y deprimidos, y los jóvenes no quieren recibir la confirmación del obispo Barros.

Los católicos chilenos necesitan ser reanimados. Pero no les bastarán consuelos pasajeros. La Iglesia chilena necesita curar su desconfianza. Si no hay reparaciones profundas, si los que tienen que dar un paso al lado no lo dan, la enfermedad le puede costar la evangelización. No se puede creer en Cristo sin creer en la Iglesia. De la confianza se llega a la fe, por medio del testimonio de la Iglesia se llega a Cristo.

Entrevista sobre el pluralismo religioso (autor: Roberto Bravo)