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Los restoranes botan la comida

Pedimos unos espaguetis a la carbonara y unos ñoquis. Nos trajeron unos platos enormes. Cada uno equivalía a tres platos. Me pareció simpático. Hinqué el tenedor y empecé a enrollar la pasta. Bien. Comí un tercio. No pude más. Saciado, le pregunté al mozo que qué hacían con la comida que sobraba. Se bota, me dijo. Era un restorán enorme, estaba repleto. Se bota, quedé pensando. Prometí interiormente no volver nunca más. Pedí la cuenta. Me trajeron el vuelto, pero sin la boleta. Pedí la boleta, pero en vez de marcar 14,500 decía 13,600. Me paré y me fui amargado.

El mozo también me dijo que así se hacía en los otros lugares. Los restoranes botan la comida que sobra. Por otra parte supe que también en los restoranes caros ha entrado la costumbre de no dar boleta.

¿Fue siempre así? No. Antiguamente en Chile nadie iba a un restorán, era muy raro. Lo que sí era cotidiano era el hambre. Hambre, desnutrición, anemia, niños en manadas ratoneando en los basureros. Personas pobres, tristes, tocando timbres, pidiendo pan, cualquier cosa. Así era, pocos lo recuerdan. Las nuevas generaciones no piden comida, la tienen de más. No saben lo que es la adolescencia con el estómago vacío.

Si los restoranes botan la comida, si el dueño del restorán duerme tranquilo, si el cliente también, es que el país está enfermo. Los chilenos hacen dieta, el 75 % obeso, e involucionan en humanidad. Porque hay algo muy grave en juego: la comida es un símbolo del ser humano, de lo más alto y de lo más bajo. Comiendo se comparte la vida en todos los sentidos de la palabra. Cualquier cosa importante se celebra comiendo. Pero por comida los seres humanos también se han matado desde que el mundo es mundo. El hambre, ¡qué triste!, está a la base de muchas prosperidades. Dice Neruda a propósito de Macchu Picchu: “Hambre, coral del hombre, hambre, planta secreta, raíz de los leñadores, hambre, subió tu raya de arrecife hasta estas altas torres desprendidas?”

¿Cuántas toneladas de comida botan los restoranes en un año? ¿Saben los clientes que hoy en Venezuela hay días que los padres no comen para alimentar a sus hijos?
Pastas, verduras, carnes, pescados, arroz, suma y sigue, todo a la basura. Esto es “comprensible” en gente adinerada que confunde el hambre con el apetito. Pero cuesta entenderlo en el funcionario de clase media que alguna vez supo que su madre comía en un vertedero las sobras del supermercado.

¿Y cuando venga de nuevo la guerra, qué? Nuestra generación no sabe qué es una guerra, por suerte. ¿Pero no tendríamos que tener una mínima solidaridad con la historia trágica del ser humano?

Recuerdo que en kinder un compañero me enseñó a besar el pan antes de botarlo, en caso que uno no quisiera comer más. Había en esto una suerte de solidaridad con la humanidad, una sana culpa. Es de las cosas más importantes que aprendí en el colegio.

Pido que el próximo gobierno prohíba a los restoranes botar la comida sobrante.

Criterios para votar

1.- Pensar en el bien del país antes que en la propia conveniencia
Se escucha decir: “a mí me da igual quien salga, porque yo igual tendré que trabajar al día siguiente”. Mal me parece. También me parece mal que salga el candidato que mejorará mis condiciones materiales de vida, si será el mismo candidato que puede perjudicar a la mayoría o a los más pobres.
2.- Pensar en las necesidades de los más pobres
Hay muchas maneras de ser pobre: los ancianos enfermos, los niños sin padres o con familias muy dañadas, los universitarios que hacen lo imposible por sacar una carrera, los pueblos originarios, los adictos, la mujeres en general y los pobres por antonomasia (los que carecen, al mismo tiempo, de casa, de salud, de alimentación, de educación y de respeto).
Si se trata de mirar el conjunto del país, todos lo hacemos desde lugar concreto. Nadie tiene todos los puntos de visión: desde un “donde” determinado se ve y no se ve. Cada uno ve la totalidad, pero de un modo distinto a como lo ven los demás.
Hacer un esfuerzo por localizarse en el lugar de los pobres es la mejor manera de votar por ellos.
Una ejemplo: ubicarse en un basural, donde suelen vivir los más pobres de los pobres, rastrojear por un rato la basura, oler y mirar qué se está consumiendo, es una buena maneras para considerar que el planeta Tierra también merece un voto.
3.- Pensar en un mejor candidato
El país necesita un candidato capaz independientemente de sus ideas políticas. ¿Sabe? ¿Tiene trato humano y experiencia política? ¿Tiene flexibilidad para llegar a acuerdos? ¿Es honesto u honesta?
La calidad del candidato también depende de los políticos y equipos que eventualmente le ayudarán a gobernar. Hay que fijarse también en este punto. ¿Tiene gente capacitada y proba que trabajará con el candidato o candidata?
4.- Pensar en el mejor partido
A veces el candidato puede no ser óptimo. Pero un partido puede subsanar sus déficit.
Sin partidos no hay democracia. Los partidos pueden ser malos, pero sin ellos lo que hay es caudillismo o dictadura. No hay que perderse.
Puede ser bueno darle el voto a un partido con futuro, con presente o con un pasado respetable.

5.- Habría que tener una  muy  poderosa razón para NO VOTAR.

No votar suele ser señal de flojera o de inmadurez.

Peticiones al Papa

El Papa Francisco visitará Chile en enero próximo. ¡Bienvenido! Sus palabras y sus gestos, han sido una señal poderosa de por dónde va el Evangelio. Impacta él mismo, porque evoca el reino que Jesús anunció a los menospreciados de su época. Asimismo, su empeño por proseguir con la misión de Jesús también entusiasma para sumarse a sus varias causas. Su viaje a Chile, a mí en particular, me motiva para hacerle algunas peticiones que, planteadas desde este rincón del planeta, pueden tal vez parecerle pertinentes para el gobierno de la Iglesia.

Le pido, en primer lugar, y como lo más importante, que continúe anunciando el Evangelio a los más pobres. Al hacerlo, nos hace saber a todos que el reino de Dios es cosa de crucificados. Cada víctima de la infinidad de pobrezas que pueden aquejar a un ser humano, es Cristo: los migrantes indocumentados, las mujeres aprovechadas, los padres que han perdido a un hijo, los jóvenes empepados… ¡Son tantos! Le pido a Francisco que no ceje de anunciar a ellos que el reino de Dios les pertenece.

Él ha señalado que las mujeres deben ser aún más incorporadas a la Iglesia. Las bautizadas, a diferencia de los bautizados, no son consideradas suficientemente “hijas de Dios” y “hermanas” nuestras. Solicito al Papa que remueva los obstáculos –canónicos y teológicos- que impiden que las mujeres participen en la Iglesia de acuerdo a los estándares de la civilización contemporánea. ¿Por qué no pueden ser elegidas en ningún cargo importante? ¿Por qué no pueden elegir a ninguna autoridad importante? ¿Por qué no votan en la aprobación de ningún documento importante? La importancia de la mujer en la Iglesia es secundaria. Esto no es cristiano.

También le pido a Francisco que fomente la creación de comunidades. Los católicos necesitan “tocar” la Iglesia de Jesús. Les es necesario “experimentarla” como un lugar que los acoja y los quiera. Las personas hoy están muy solas. Nadie pertenece a nadie. Los católicos cada vez que se habla de “la Iglesia” piensan en la jerarquía eclesiástica o en el Vaticano, lo cual les resulta lejano y ajeno. Hubo en América Latina “comunidades eclesiales de base”, alegres, solidarias, reunidas en torno a la lectura de la Biblia. Casi no quedan. Todavía hay comunidades cristianas inspiradas en diversas espiritualidades. Tendría que haber muchas más. Nada impide que en ellas participen personas que no creen en Dios o que tengan otras pertenencias religiosas. Enriquecerían aún más la convivencia.

Falta diálogo y participación en la Iglesia chilena a todos los niveles. Se necesita que los católicos puedan expresarse con libertad y que se creen instancias para que esto sea posible. Los laicos debieran ser oídos cuando sea necesario elegir obispos y párrocos, y votar incluso por ellos o dejarles, al menos, la posibilidad de veto. Ningún obispo debiera ser impuesto.

Le pido al Papa que revise las condiciones exigidas para ser sacerdote. Prueba de vocación sacerdotal auténtica, debiera ser un equilibrio afectivo-sexual en los eventuales candidatos. En todo caso, sería conveniente que se revisara la exigencia del celibato para los sacerdotes. Es un requisito muy oneroso. Y, en vista a ampliar el servicio evangelizador, pudiera abrirse la posibilidad de que los viri probati –varones de reputada virtud y capacidad- reciban el sacramento de la ordenación sacerdotal.

Los tiempos que corren exigen que los cristianos, en vez de saber muchas cosas, sepan discernir. Pero esta capacidad requiere de una buena formación. Por esto, también solicito al Papa Francisco que promueva una sólida formación intelectual de los católicos. Estos debieran saber explicar a la gente de su época que significa ser cristianos hoy. Con mayor razón debiera capacitarse a los seminaristas para responder, de un modo inteligente, a los requerimientos intelectuales que cualquier persona pueda hacerles. Estos debieran aprender a conectarse con la gente de hoy a nivel de la experiencia. De lo contrario continuarán tratando de transmitir el credo en un lenguaje que ya nadie entiende ni soporta.

Alguien creerá que estoy pidiendo demasiado. Tampoco faltará quien diga que poco. Que el Papa juzgue.

Solo un país bello tiene futuro

La belleza siempre ha sido importante. Hoy es además indispensable. La fealdad nos hace daño. Si invirtiéramos más en belleza, nuestra calidad de vida mejoraría. El país mismo se encaminaría por la mejor de las sendas del desarrollo.

No me gusta aplicar la palabra “invertir” al campo de lo bello. El uso de términos económicos en ámbitos no económicos ha sido deshumanizante. ¿Cómo puede hablarse de “capital humano”? ¿De “recursos humanos”? ¿De “costo social”? Por semejante razón, me irrita que en las farmacias me tengan catalogado entre las “grandes personas” por estar en una Isapre. Tienen mi rut, saben mis enfermedades, en suma, me felicitan porque soy un potencial enfermo tiene con qué pagar. Hablo de “invertir” como sinónimo de fomentar, de poner los huevos en la canasta de la estética.

Me ha dado con imaginar que puede haber una reorientación general de la economía en función de la belleza. No sé si es posible convertir la belleza en un motivo suficientemente interesante para la economía, como para que el Estado y los particulares inviertan en ella. No soy economista. Pero cuando viví en Italia tuve la impresión de que este país dependía económicamente de la belleza. Los italianos han encontrado la fórmula mágica para venerar la belleza en su gratuidad y para sacarle partido económico. ¿Reconciliar a Dios con el Diablo? No. Es otro el asunto. Los italianos han gestado un instinto estético tras muchísimos años de amor por la creación y el ser humano. Para ellos la belleza es lo primero.

Confieso que mi inquietud es ecológica. El modelo de desarrollo que domina el mundo por doquier, y que a muchos chilenos los ha sacado de la miseria, tiene efectos colaterales deletéreos. La basura en las playas, la Torre Entel decorando Santiago, las bocinas en Valparaíso, los geoglifos religiosos en los cerros de Antofagasta, el humo de Coyhaique, la vulgaridad fuera de ámbitos acotados, para qué seguir, nos están matando. Urge concebir el desarrollo en una clave humanista.

¿Qué hacer? La tarea le compete a los particulares y al Estado, a las familias, a las escuelas y a cada uno de nosotros. Tendríamos que revisar nuestra urbanidad. Antes que cuestión de política pública, la belleza que requerimos es la que requiere de nosotros. No la fabricable, sino la que nos pide una conversión. Un giro. Una experiencia que anticipe ese mundo en que reina “el sentido del prójimo”. El principal criterio estético es el amor a la humanidad.

¿Es posible combinar la competencia contra el prójimo, motor de la economía de mercado, de la que depende ni más ni menos que nuestra posibilidad de comer, con “el sentido del prójimo” que nos exige sacarnos el pan de la boca para que también otros puedan gozar de un mundo que puede ser hermoso por puro compartirlo? Si no es posible, nada impide intentarlo.

¿Puede un ser humano irse del planeta sin haber plantado un árbol? ¿Sin haber distinguido un gorrión de un chincol? No puedo entender que alguien compre una botella de agua. Tenemos agua potable en abundancia. En los campamentos del norte la consiguen con camiones aljibes. Sueñan con disponer algún día de llaves y cañerías. ¡Comprar una botella de plástico para tomar agua! ¡Tomarse el agua y botarla botella!

Se requieren cambios culturales importantes. Se necesita invertir –lamento otra vez la palabra- en pintura, literatura, baile. A los poetas de “cuneta” no debiéramos financiarlos, los corromperíamos, pero podríamos ponerles unas carpitas en la Feria del Libro, permitirles declamar, presentar sus libros, comprárselos y leerlos. El Estado podría inscribirles gratis el ISBN.

Apuesto a que este planeta es más bonito de lo que hemos pensado. Nuestro país tiene lugares de una belleza incomparable. El crecimiento económico, el auténtico desarrollo, no se hará sin música. Quisiera pensar que con más música, más arte, más filosofía, habrá más desarrollo económico y, si nunca tanto, desarrollo a secas, cultivo en humanidad. Este es un fin. El dinero, un medio. El futuro de Chile es cuestión de estilo.

El arte no se compra ni se vende. Me equivoco: sí, se compra y se vende. No: bajo un aspecto la belleza no tiene precio, es completamente gratuita; pero bajo otro respecto, si se fomenta su cultivo, puede terminar dando una orientación fundamental a la vida de las personas y de un país, puede convertirse en la locomotora, también económica, detrás de la cual se ordenen todos los carros.

20 años de la Universidad Alberto Hurtado

La Alberto Hurtado cumple 20 años.

Su fin ha sido integrar fe y cultura, y fe y justicia, en tiempos de cambios grandes y acelerados, en un país que se supera a sí mismo, pero que debe encarar injusticias antiguas y nuevas.

La UAH entró en el campo de batalla –porque el mercado de la educación superior ha sido una especie de guerra- con una tradición intelectual respetable: el Cisoc (estudios socio-religiosos), el Cide (investigación en educación), el Colegio Loyola (formación en filosofía y humanidades para los jesuitas) e Ilades (concentrado en la Doctrina Social de la Iglesia), además de tres bibliotecas: la de los jesuitas, la de la revista Mensaje y la del Centro Belarmino.

Han sido años de lucha. La universidad no comenzó económicamente fundada. Ha debido allegar recursos con enormes esfuerzos. Ha sido necesario pasar las vallas de las acreditaciones. Hoy está acreditada por 5 años, incluidos investigación y postgrados. Levantó el primer doctorado en sociología en Chile. Ahora tiene cinco doctorados: en filosofía, en educación con la Diego Portales, en trabajo Social con Boston College y uno en psicología, que está comenzando.

Tratándose de una universidad de investigación tiene profesores de primer nivel. Es un hervidero de ideas, de paneles, de seminarios, de lanzamientos de libros, de cruces interdisciplinares.

Pero su mayor orgullo son sus estudiantes. Más de la mitad de ellos estudian con gratuidad. La universidad sintoniza con una de las principales aspiraciones del país: educación de calidad para todos. Los estudiantes provienen de todas las comunas de Santiago.

Las dependencias de la universidad se hallan justo al centro de la ciudad por donde circulan las personas más diversas y ocurre de todo un poco. Como también otras universidades, estos años tan revueltos la UAH ha debido sufrir los asaltos de sectores estudiantiles recalentados. ¡Qué se le va a hacer! Es parte del cuento.

El 19 de octubre se agradecerá a Fernando Montes el titánico esfuerzo fundador. Habrá de recordarse a otros titanes: Fernando Verdugo, Gonzalo Arroyo, Andrea Vial, Jorge Larraín, Eduardo García-Huidobro, Jorge Rodriguez, Davor Harasic, Alberto Vázquez, Alberto Hurtado Fuenzalida y Hugo Yaconi, que hicieron bien la pega y más. A otros, los ciclópeos que aún trabajan en ella, no los menciono. Son muchos y muchas.

La belleza del campus se debe en buena medida a Alberto Labbé, arquitecto, que ha debido bregar contra los más diversos gustos. Pero también a un batallón de servidores y servidoras que tienen todo impecable.

Recuerdo cuando con Eduardo Silva redactábamos los programas de los cursos filosóficos. Para decir una palabra sobre la precariedad inicial. Eran los comienzos. Hoy Eduardo es rector. Yo, nada más que un mirón. Mi ventana da al patio de la universidad. Miro hacia abajo, veo a los chiquillos y profesores conversando, jugando, riéndose, y siento una enorme alegría.

Las universidades católicas a 50 años de la Reforma

A 50 años de las Reforma universitaria, algo más se puede esperar de las universidades católicas. Las miradas se centran en su autonomía (hacia afuera) y la libertad (hacia adentro). Este par de asuntos atañe a todo tipo de universidades. En las “católicas”, la cuestión tiene ribetes teológicos.

La razón de ser de las universidades católicas radica en Dios. Los cristianos creen que Dios “cree” en el ser humano. Esto es, que Dios confía que el ser humano puede sacar adelante la creación con su razón. Por lo mismo se puede decir: Dios “cree” en la universidad y celebra que los universitarios busquen libre y desinteresadamente una verdad que está implicada en Cristo, pero que nadie tiene cómo explicitar saltándose el escrutinio de los pares académicos o de los estudiantes sean cristianos o no.

Los problemas que a este respecto se plantean en las universidades católicas tienen que ver exactamente con la fe. Lo digo en dos sentidos. Primero, suele ocurrir que las autoridades eclesiásticas tienen mucho menos “fe” en el ser humano que la que Dios tiene en él. Esta carencia las lleva a tomar decisiones en la universidad que inhiben o claramente dañan la libertad que necesitan las facultades y los académicos para cumplir su misión. Esto es especialmente perturbador cuando en las universidades católicas se piensa que la fe de los universitarios en Dios es más importante que la fe de Dios en los universitarios. La piedad religiosa en los campus de estas universidades requiere ser observada con lupa, porque regularmente da pie a las confusiones más lamentables. Imaginar que por tener “fe religiosa” puede un universitario sacar ideas directamente de Dios como se hace de un cajero electrónico, constituye una suerte de “herejía”. El monofisismo es una herejía cristológica que, en términos contemporáneos, lleva a pensar que Jesús de Nazaret, por ser Hijo de Dios, fue eximido de la fatiga de la libertad, de pensar y de creer.

El asunto es complejo, en segundo lugar, porque la razón de ser de las universidades católicas es la inculturación del Evangelio. Si en una universidad católica la fe en Cristo no tuviera nada que aportar a la razón en su búsqueda de la verdad; si en ella los creyente pudieran acudir a las aulas en la mañana y a la iglesia por la tarde sin que ambas dimensiones de su vida no hicieran ningún contacto, la universidad incurriría en la herejía contraria: el nestorianismo. Esto es, que el Hijo de Dios y Jesús de Nazaret concurrirían en un mismo personaje, conservándose en él de algún modo incomunicadas las cualidades de uno y de otro.

¿Qué es inculturación del Evangelio? Es una apuesta. La Iglesia apuesta a que es posible articular fe y razón, fe y ciencia, fe y cultura en orden a configurar un mundo justo y fraterno. Es una apuesta, porque nadie tiene una receta para producir esta combinación de elementos heterogéneos. Solo se lo puede conseguir probando y equivocándose, haciéndose cargo del desgarro de la humanidad, luchando contra los poderes fácticos (empresas, grandes donantes, partidos, Estado) que desvían las energías intelectuales para alcanzar bienes particulares (no uni-versales). Las universidades se deben a la totalidad de la humanidad. Las universidades “católicas” (en griego, “universales”) lo mismo, por esta precisa razón.

La tarea de las autoridades eclesiásticas universitarias debiera consistir en proteger a las universidades de estos poderes. Es decir, defender su autonomía. Y, por otra parte, buscar la manera de poner en juego el cristianismo dentro de la universidad, con un respeto sagrado por la libertad de sus integrantes. Pues el cristianismo no es “la verdad”. Es una apuesta a que existe una verdad, Cristo, que solo se reconoce cuando nos hace profundamente humanos y hermanos entre todos.

El impacto de Lutero en la Iglesia Católica

Martín Lutero debe ser el personaje más impresionante e influyente en los últimos 500 años en el Occidente cristiano. El año 1517 clavó 95 tesis reformistas en las puertas de la catedral de Wittenberg, comenzando así un distanciamiento progresivo de la Iglesia Católica romana. La ruptura final fue apurada por los conflictos políticos entre Carlos V, los príncipes alemanes y el papado.

Hoy las iglesias de la Reforma luterana y católica han avanzado notablemente en el camino de la reconciliación, tras años de discordias e incluso guerras religiosas. Ecumenismo se ha llamado el movimiento en búsqueda de la unidad perdida, movimiento que recibió un impulso formidable en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Es así que en distintas partes del mundo se conmemora todo lo que Lutero ha significado.

Hablo de lo que conozco más de cerca: el impacto positivo de la Reforma en la Iglesia latinoamericana. Este se deja ver en la importancia dada a partir del Concilio a la Palabra de Dios, al bautismo como el común denominador de la única Iglesia de Cristo, al carácter de servicio de los ministerios y cargos, a la libertad de los cristianos para pensar y expresarse y, por ende, a la posibilidad de exigir reformas religiosas. Los católicos agradecen a los luteranos todos estos valores, recuperados de la más antigua tradición de la Iglesia (cf. declaración conjunta: Del Conflicto a la comunión, 2013). Los protestantes, por su parte, tendrán que reconocer de los católicos que se es fiel a la Escritura cuando se la conserva en una tradición interpretativa que, para ser verdaderamente plural, requiere de una autoridad que cuide la comunión.

En particular conozco de cerca el influjo benigno de los protestantes en algunos movimientos ecuménicos y en las comunidades eclesiales de base de la Iglesia popular en América Latina. En nuestro medio hemos conocido al Movimiento carismático en el que mucha gente ha podido experimentar a un Dios cercano y amoroso, un Dios que sana, al que se le ora en el Espíritu Santo, Espíritu que une a la comunidad y le hace alabar con alegría. Algo parecido puede decirse de Fondacio, que además de estas características tiene una apertura enorme a todos tipo de personas y espiritualidades, y una gran aspiración de solidaridad social.

Siempre de un modo indirecto, el protestantismo ha inspirado a las comunidades eclesiales de base promovidas por la Iglesia latinoamericana y la Teología de la liberación. En ellas el ícono ha sido el pueblo sencillo con la Biblia en las manos. La Iglesia liberadora en América Latina puso la Escritura a disposición de los campesinos y obreros, de gente ignorada y explotada para que descubrieran que ella había sido escrita preferencialmente para ellos, para que creyeran en el Dios de la vida y de los pobres, el Dios que rechaza todo tipo de opresiones. Muchas de esas personas, de hecho, aprendieron a leer con la Biblia. Esta, probablemente en varios casos, fue único libro que hubo en sus casas. En la Iglesia popular latinoamericana la Palabra de Dios ha ayudado a los pobres a comprender sus vidas, a caer en la cuenta que la pobreza no es una fatalidad sino la consecuencia exacta de un tipo de capitalismo despiadado y a reconocer su igual valer con todos los seres humanos. Estos católicos han llegado a ser adultos gracias a su fe, adultez que algún día tendrían que adquirir el resto de los católicos, laicos, sacerdotes y obispos, víctimas del clericalismo que el Papa Francisco no se cansa de atacar.

Se cumplen 500 años de la Reforma. Bien haríamos los chilenos en levantar la mirada, dejar de lado por un rato las discordias por los episodios del último Te Deum, y agradecer a los hermanos y hermanas evangélicos todo lo que Chile les debe. Hagamos memoria de las personas que ellos han rescatado de las adicciones, de los enfermos y encarcelados que recibieron una palabra de esperanza, de los profetas que guitarra en mano, parados en las esquinas predicando en el desierto, nos han hecho creer que es posible un mundo mejor. Los que han podido participar en sus comunidades han conocido a un Dios que justifica gratuitamente, en concreto, que valida a las personas no por sus apellidos o su capacidad de consumo, sino porque Cristo las ama. A la tradición luterana se le debe en gran medida que los seres humanos nos validemos unos a otros por una dignidad trascendente.

Un TE DEUM de muchas religiones

Ha sido bochornoso el desarrollo del Te Deum evangélico. No ha de ocurrir algo parecido en el Te Deum católico el 18 de septiembre.

¿Cuál es finalidad de un Te Deum? Si un Te Deum admite objetivos extras al de “dar gracias a Dios” por una patria compartida entre muchos y diversos, corre un riesgo mortal.

La semejanza entre el Te Deum evangélico y el católico está en que, además de servir a la alabanza de Dios, fungen de tribuna para recomendaciones o críticas políticas. ¿Está dispuesta la autoridad política a seguir oyendo estos discursos? No sabemos. Pero sí podemos suponer que los políticos asisten o no asisten a la ceremonia religiosa con un ojo puesto en las próximas elecciones y el otro en el fin de semana largo. Esto no excluye que los mismos políticos se interesen por lo que buenamente tenga el obispo o el pastor que decirles, aunque se trate de una crítica.

Las iglesias tienen que evaluar cómo seguir. Lo ocurrido en la Alameda con Jotabeche posiblemente marque un antes y un después. Lo ocurrido en la Plaza de Armas los últimos años, la disminución de asistencia de invitados, puede ser señal de una baja de interés.

Desde 1811 el Te Deum es un acto político-religioso. En él están presentes todas las instituciones del país. Pero, ¿basta con que sea tradicional para que siga(n) realizándose? Otra pregunta: ¿qué obligación tiene el Estado de Chile de hacer participar en un Te Deum a sus representantes? Por otra parte, si se trata de una celebración política-religiosa ella se presta, por ejemplo, para una utilización política partidista de campaña, como parece haber sucedido en el templo protestante.

Entiendo que una democracia moderna debiera auspiciar y ser garante de la diversidad ideológica, cultural y religiosa. Estas le dan vigor a una sociedad, sentido de la vida, altísimos valores. La custodia de esta diversidad debiera ser una tarea principal del Estado. La laicidad del Estado no debiera defenderse de, ni tampoco menoscabar a las versiones de humanidad de la sociedad, sino custodiarlas. Esto mismo, sí, le obliga a no privilegiar a ninguna sobre las demás. El Estado debe ser neutral, pero no neutro: debe velar para que haya respecto y justicia en la importancia que merecen los credos, y no prestarse para discriminaciones odiosas.

Tampoco veo problema en que las iglesias y religiones manifiesten sus posturas humanísticas y políticas en el foro público, y que el Estado deba escucharlas aunque le sean críticas. Pero si le son adversas a sus representantes en un Te Deum, entre cuatro paredes y en nombre de Dios, las iglesias arriesgan tener que rellenar las bancas con invitados cualesquiera que van pasando por la calle. Esta ceremonia no es la instancia de expresiones políticas sin posibilidad de réplica.

Tal como se están dando las cosas, ambos Te Deum tendrán que revisar su modalidad futura. Los tiempos han cambiado. Los católicos bien saben que, para ser fieles a la Tradición, deben modificar las tradiciones. Chile no es más un país católico, es cosa de ver las estadísticas, y no parece necesario que vuelva a serlo. Poco queda de la cristiandad, laus Deo. No hace muchos años los evangélicos crearon su propio Te Deum. ¿Por qué debían ser siempre visitas en la casa de la iglesia predominante? En la actualidad el Te Deum católico ha asumido la abigarrada diversidad étnica y espiritual del país: mapuches, judíos, musulmanes, protestantes, ortodoxos… La pluralidad que se expresa en la catedral es de una enorme hermosura. Pero esto no basta. Todavía la Iglesia católica hace de anfitriona y a muchos comienza a molestar verse mirados de arriba abajo y obligados a escuchar un sermón.

Lo más tradicional del Te Deum es dar gracias a Dios por la patria. Cuando la patria ha llegado a constituirse en virtud de las más diversas tradiciones, la fidelidad al Te Deum demanda repensar su(s) realización(es).

Para cumplir con el fin de estas ceremonias, para que los Te Deum no tengan fin, algo tiene que terminar. Quizás sea bueno que haya uno solo, lo más plural posible y en el que ningún credo parezca simbólicamente más importante.

La Iglesia católica en pausa

La Iglesia Católica en Chile se prepara a la venida del Papa. ¿Será importante su visita? Suponemos que sí. Pero, ¿será decisiva? Es decir, ¿podrá marcar un antes y un después? Urge que así sea.

Vista la Iglesia a la distancia de los últimos sesenta años, distingo dos grandes etapas, y espero una tercera. Desde 1961 hasta 1991, su planteamiento pastoral puede ser denominado “Catolicismo Social”. Esta larga etapa, a su vez, tuvo dos períodos. El primero, antecedido por la atención que la jerarquía católica puso a la “cuestión social” desde el siglo XIX, cuyo difusor fue el Padre Hurtado, tuvo por hito el impulso de la reforma agraria. Precisamente el año 1961 el episcopado decidió motivarla con la cesión de las propiedades de las diócesis, iniciativa concretada de un modo emblemático por don Manuel Larraín y el Cardenal Silva Henríquez.

El segundo período, desde 1973 hasta 1991, la jerarquía católica, los sacerdotes y las religiosas, laicos y laicas cristianos y creyentes en la parábola del buen samaritano, se abocaron a la defensa de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, personas ejecutadas, desaparecidas, torturadas, y al acompañamiento y cuidado de sus familiares. El ícono de estos años fue la Vicaría de la Solidaridad. La Iglesia Católica chilena interpretó el Evangelio como nunca lo había hecho en su historia. También por estos años, a instancias del obispo Juan Francisco Fresno, ella convocó al Acuerdo nacional que tuvo por objeto luchar para recuperar la democracia. En esta etapa, en sus dos períodos, la postura eclesiástica oficial fue bien acogida por unos, pero resistida por otros. Ya por estos años, sin embargo, se hizo sentir la resistencia de sectores conservadores a las reformas del Concilio Vaticano II. Progresivamente se le quitó el piso a las comunidades eclesiales de base en las que se dio mayor participación a los pobres en la Iglesia y, al mismo tiempo, se fortalecieron movimientos laicales de clase alta que pusieron mucho énfasis en temas de familia y de sexualidad.

Recuperada la democracia, desde 1991 hasta 2017, se abrió una nueva etapa pastoral que puede denominarse “Catolicismo sexual”. La inauguró la carta pastoral de Monseñor Oviedo titulada: “Moral, juventud y sociedad permisiva” (1991). En esta etapa los obispos han denunciado el deterioro de la moralidad en el campo de la sexualidad: se oponen a las experiencias sexuales fuera del matrimonio, a los anticonceptivos, a los preservativos para evitar el sida, a la “píldora del día después”, a la fertilidad asistida, a los textos de enseñanza de educación sexual en los colegios, a la ley de divorcio, a la ley de aborto, a la de ley de unión de parejas del mismo sexo y, ahora último, a la ley de matrimonio homosexual. El resultado de esta etapa es tristísimo. No se ve cómo la Iglesia jerárquica puede estar en contra de la ley de despenalización del aborto en tres causales y, al mismo tiempo, no aceptar la contracepción artificial. Pero nada ha sido peor que, tras haber declarado una crisis moral sexual en la sociedad, hayan salido a la luz pública graves casos de abusos sexuales del clero contra menores de edad y personas frágiles, constatándose a la vez desidia y gestiones de encubrimiento de parte de los superiores jerárquicos y haciendo oídos sordos a las demandas de justicia de las víctimas. Después de veinticinco años, la pérdida de credibilidad en nosotros los sacerdotes ha puesto en grave peligro la transmisión de la fe.

La visita del Papa Francisco, en enero próximo, pudiera marcar el comienzo de una tercera etapa. Esta podría llamarse “Catolicismo socio-ambiental”. Más que una posibilidad, es un deseo personal mío, pero que tiene una sólida base en Laudato si` (2015), la encíclica social más importante desde Rerum novarum (1891). El planeta enfrenta una situación dramática y, en el caso de los más pobres, inminentemente trágica. ¿Qué puede aportar la Iglesia? La encíclica es un cargamento de ideas. A mí parecer, la Iglesia chilena, jerarquía y laicado, debiera capacitarse y, antes de esto, convertirse al Dios de la creación. El país necesita una mística de amor a la tierra. Bien pudiera la Iglesia cultivarla, para luego iniciar a otros en ella. La tradición judeo-cristiano tiene un acervo milenario de experiencias, de intentos y de fracasos, de vías purgativas e iluminativas, de palabras e imágenes, de sentimiento y de arte, todo lo cual pudiera aprovecharse. Necesitamos una mística, es decir, una visión y convicción espiritual, una sensibilidad estética y un compromiso ético con la humanidad y todos los seres que nos hagan gozar con la creación y, en la medida de nuestras pocas fuerzas, cuidarla amorosamente.

Los cristianos no están preparados para esta batalla. En realidad, son parte del problema. Por esto, tendrán que conectarse espiritualmente con el medio ambiente humano y ecológico, reenfocar por completo la educación, generar nuevos estilos de vida y una nueva cultura. Deseo que en esta tercera etapa, la del “Catolicismo socio-ambiental”, los católicos, en humilde colaboración con los otros cristianos, con los fieles de otras religiones, con los seguidores de cualquier idea noble y humanista, anuncien al Jesús olvidado que hablaba de Dios con su experiencia de artesano y en metáforas.

Declaración protectores del Río Claro-Siete Tazas

Proyecto de hidroeléctrica de empresa Electrade amenaza el Rio Claro- Siete Tazas.

• Rio Claro es un río sagrado por nacer en el Parque Nacional Siete Tazas y una zona de alto potencial turístico por su naturaleza única.
• Cientos de especies de flora y fauna habitan nuestra cuenca, varias de ellas en peligro. Incluso ha vuelto el pudú!
• Los chilenos amamos las Siete Tazas. No puede ser sacrificado.
• La empresa italiana Electrade pretende construir una hidroeléctrica de paso causando un desastre ambiental y social.
• Produciría solo 7 a 10 MW, destruyendo la cuenca, el río, la flora, la fauna y a la comunidad. Chile no necesita más electricidad, tiene 140% de sus necesidades cubiertas.
• ¡ Es un proyecto obsoleto ! Hoy se promueve la energía solar y eólica. Chile va a ser líder regional en esas energías. No más destrucción innecesaria por ninguna hidroeléctrica en Río Claro.
• No venderemos a ningún precio.
• Electrade ha demostrado malas prácticas desde su inicio y solo quiere utilidades rápidas para llevarlas a Italia a costa de nuestra naturaleza.
• No ganamos nada, perdemos todo.
• Este proyecto afectaría también a agricultores y regantes río abajo.
• Todo lo que conservemos será fuente de empleo para todas las generaciones a venir y no solo para ésta. Todo lo que destruyamos es fuente de pobreza para hoy y para el futuro.
• Creemos fuentes de empleo en turismo, educación ambiental, agricultura ecológica y conservación. Esas nunca se acaban si conservamos nuestro territorio.

S.S el Papa Francisco le pide al mundo de todos los credos una toma de conciencia:

“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”.

La localidad de Maitenes se encuentra en la comuna de Río Claro, séptima región. Es una comunidad rural a riberas del Río Claro que nace en el Parque nacional Las Siete Tazas y donde prima la agricultura familiar, algunas plantaciones de frutas de exportación, el ecoturismo creciente y la conservación.
Ahí se encuentran también el centro de retiro de los Jesuitas y las tierras de Fundación Origen con su proyecto educacional del Instituto para la Paz y el Desarrollo Sostenible.

La empresa Italiana Electrade compró los derechos de agua del río para hacer una hidroeléctrica sin consultar antes ni con vecinos ni con las autoridades locales, diseñó un trazado en los mapas de Google desde Italia según lo que ellos mismos nos dijeron. No conocían el lugar ni su comunidad, ni la riqueza en biodiversidad de la zona. En el mes de Mayo intentaron entrar a los predios de los vecinos que afectaría esta hidroeléctrica queriendo hacer calicatas para el estudio de factibilidad del proyecto. Esos estudios del suelo tienen por fin saber si la tierra contiene suficiente arcilla para no tener que recubrir las paredes en todo el trazado del canal y así abaratar costos.

Llegaron intentando engañar a los vecinos, hasta a hacerse pasar por funcionarios de la DGA, Dirección General de Aguas. La gran mayoría de los vecinos no los dejó pasar. A pesar de eso nos confesaron haber caminado
nuestros predios sin autorización de sus dueños.(conversación que grabamos con su autorización)

En reunión con los representantes de la empresa Electrade, Emerge de Curicó, nos enteramos de que esos derechos de agua se habían comprado para hacer una hidroeléctrica de paso que desvaría el río en 7 kilómetros para darle la cota necesaria para producir energía. En esos 7 kilómetros se excavaría un canal de 10 metros de ancho y de entre 30 y 50 metros de ancho de servidumbre para caminos, cruzando por quebradas frágiles y ricas en biodiversidad tanto en flora como en su fauna. Generaría un desastre ambiental en los 7 kilómetros por tierra, cortando los campos en dos. El río se secaría a pesar de que hablan de dejar un caudal ecológico, que se calculó a la normativa antigua de esta matriz la que considera un porcentaje de agua mucho menor que lo que rige la normativa actual. Además, los caudales de los últimos años del Río Claro son significativamente menores debido al cambio climático, lo que implica que de acuerdo a los derechos de agua que tienen otorgados (10mt3 en promedio) en la situación actual secarían el río. Los daños ambientales se harían sentir río abajo en toda la cuenca afectando además a agricultores y regantes como ya ocurre en otras localidades. Lo que se ha visto con las centrales de pasada de la cuenca del río Maule es que las empresas prefieren pagar las multas antes de parar su negocio energético.

Estos señores también explicaron que no pretendían someterse a un estudio de impacto ambiental (EIA) pero solo una declaración de impacto ambiental (DIA), para proyectos de bajo impacto a pesar de que la legislación chilena establece que en las siguientes condiciones (entre otras) se debe realizar un EIA:

1. Efectos adversos significativos sobre la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, incluido el suelo, agua y aire.
2. Localización en o próxima a poblaciones, recursos y áreas protegidas, sitios prioritarios para la conservación, humedales protegidos, glaciares, susceptibles de ser afectados, así como el valor ambiental del territorio en que se pretende emplazar.
3. Reasentamiento de comunidades humanas, o alteración significativa de los sistemas de vida y costumbres de los grupos humanos.
4. Alteración significativa, en términos de magnitud o duración, del valor paisajístico o turístico de una zona.

Este proyecto afecta a todas estas categorías y por lo tanto no podría obviar el EIA como pretenden.

La empresa Electrade y sus representantes nos explicaron que deben hacer un proyecto de “bajo costo para ellos y que un EIA es muy costoso”. Por otra parte pretenden hacer un canal abierto sin recubrir las paredes del canal, nuevamente porque sería muy costoso. Desde sus inicios la actuación de esta empresa ha mostrado ser de una falta de seriedad impresentable. La única razón de ser de su inversión es generar dinero rápido para sus inversionistas italianos sin el
menor respeto por la comunidad, las autoridades locales, nuestra legislación y sobretodo por la riqueza y vulnerabilidad ecosistémica de la cuenca del Río Claro-Siete Tazas.

Los precios de la energía han bajado significativamente en Chile y el negocio ya no es lo que era hace algunos años por lo que intentan además bajar los costos de construcción e implementación.

Creemos que esta empresa no podría actuar así en Italia.

Según funcionarios y profesionales en el tema energético a quienes le hemos solicitado su opinión, este tipo de proyecto hidroeléctrico ya está obsoleto técnicamente y no se justifica la magnitud de la destrucción para la poca cantidad de energía que produciría. Una obra de gran envergadura y destrucción con el fin de producir solo 7 a 10 MW de energía.

Chile ya no necesita energía, la tiene de sobra, hoy estamos produciendo 140 % de nuestras necesidades reales (fuentes oficiales). Lo que se proyecta es exportar
energía a Argentina y a Perú a costa de nuestra naturaleza.
Los expertos (funcionarios, científicos y ambientalistas) concuerdan que se
debe remplazar las termoeléctricas altamente contaminantes (50%) por energías renovables no convencionales tales como la solar y la eólica, el futuro energético de Chile. Pero en ningún caso seguir destruyendo los mares, los ríos, cuencas y la biodiversidad única de esta zona del mundo.

La construcción de esta obra contemplaría desviar el río y hacer caminos cada
un kilómetro para excavar el canal con maquinaria pesada por 7 kilómetros.
La excavación y extracción de toneladas de tierra ocuparía camiones que destruirían la tierra agrícola y bosques nativos con especies de flora y fauna en peligro.

Además del daño ambiental, existe un gran daño social.
La experiencia de estos proyectos es que destruyen las comunidades,
su vocación rural y turística. Dividen a las familias al tentar con compensaciones económicas por algo que no tiene como ser compensado. Aprovechan las necesidades de las personas e inculcan el miedo a no vender, a ser los
únicos que no van a recibir nada. Engañan y corrompen. Aducen a la necesidad de generar empleo pero en esa zona existe mucho empleo generado por la producción frutícola. Los empleos que generan proyectos hidroeléctricos son esporádicos y se trae personal de fuera de la comuna, lo que aumenta la problemática social. Conocemos los ejemplos de otras localidades tales como el Cajón del Maipo, el Alto Bio Bio y otras obras en nuestro país. Se tardan generaciones para reparar lo que ocurre a nivel social después del paso de estas empresas.

Protectores del Río Claro y las Siete Tazas

La zona de Maitenes está a 10 kilómetros del parque nacional Las Siete Tazas y a pesar de no estar dentro del parque goza de las mismas especies protegidas y vulnerables. Toda la cuenca del Río Claro hasta la carretera debería ser protegida por ser un río “en extinción”, un río sagrado.

Según fuentes de Conaf esta es una de las zonas más biodiversas de Chile con paisajes de transición entre los ecosistemas esclerófilos de la zona centro norte y del bosque templado y siempreverde de la zona sur. Se encuentran especies de flora como el radal, el coihue, el avellano, ciprés de la cordillera, hualo, olivillo, y especies en categoría de conservación como el naranjillo y el belloto. En cuanto a fauna se encuentra el pudú, el puma, el zorro culpeo, el zorro chilla, el monito del monte, la yaca, el quique, la vizcacha, el gato colo- colo, la huiña y el chingue. En cuanto a la diversidad de aves están el loro tricahue, el pato correntino (en peligro e extinción), la torcaza, la cachaña, el halcón peregrino, el cóndor, el águila, el bailarín, el aguilucho, el carpintero negro, el buho, entre muchas otras.

Los vecinos de esta comunidad nos unimos para formar la agrupación de los Protectores del Río Claro- Siete Tazas. Nos oponemos sin condiciones a los proyectos de hidroeléctricas en nuestro río. No vamos a vender nuestras tierras, a ningún precio. Todos estamos trabajando para promover un desarrollo respetuoso y apropiado a nuestro entorno natural y a nuestra cultura local rural. Tenemos proyectos ecoturísticos, de educación, de producción agroecológica y de desarrollo espiritual, los que generarán oportunidades para muchos en la comunidad.

Esta zona tiene un destino agrícola y ecoturístico que debe ser preservado como fuente de desarrollo permanente para sus habitantes. Esta es una localidad única en nuestro país en cuanto a la calidad de la tierra agrícola, el paisaje, el clima, la belleza escénica y riqueza ecosistémica y atrae miles de personas todos los años al Parque Nacional Siete Tazas, uno de los cinco más importantes de Chile.

Todo el esfuerzo de las autoridades nacionales, regionales y locales puede centrarse en fomentar la inversión turística y de conservación de la naturaleza, en alianza con universidades y con las comunidades, para generar empleo duradero y digno, rescatar las tradiciones culturales y generar desarrollo sostenible para nuestro país.

Todo lo que conservemos será fuente de empleo para todas las generaciones a venir y no solo para ésta. Todo lo que destruyamos será fuente de pobreza para el futuro.

Promovemos un tipo de desarrollo sabio donde todos ganan; ganan todas las personas cuya vida es inseparable de la naturaleza.

Salvemos el Río Claro-Siete Tazas

Directiva Protectores del Río Claro- Siete Tazas
protectoresrioclaro@gmail.com
Mary Anne Müller
Jorge Costadoat sj
Gabriel Zegers
Javiera Fernández
Manuel Ponce
José Mardones
Carlos Capurro
Daniel Zúñiga
America Opazo
Jimena Zúñiga
Miguel Ayala y Sra.