Aparición y renuncia de María Magdalena

Las últimas dos semanas, en las faldas de los Andes, se ha estado apareciendo Santa María Magdalena. Dicen. La afluencia de público crece. Las señales indican que puede tratarse efectivamente de una aparición. ¿Será cierto?

            Han registrado su voz:

            – “Por años me han confundido con una prostituta y yo no he sido nunca prostituta. No tengo nada contra el gremio, pero si cada una carga con su pecado, ¿por qué tengo yo que cargar con semejante fama? Sepan Ustedes que Gregorio el Grande me confundió con la mujer pública de Magdala, siendo yo la discípula más cercana a Jesús, y por culpa del Papa una generación tras otra me ha venerado en todos las mancebías del planeta”.

            – “Dirán Ustedes: ‘Qué viene a aparecerse ésta ahora’. No quiero que se me interprete mal. Como a mi Señor, me duele que haya mujeres que tengan que ganarse la vida así. ¿No lo hacen por sus padres y sus hijos? Ellas merecen todo mi respeto. Pero, mi historia es muy distinta. Jesús echó de mí siete demonios que eran un cúmulo de enfermedades y no de pecados. Desde entonces, encantada de Jesús, lo seguí y lo auxilié, y tal como muchas otras mujeres me hice discípula suya. Mi honor mayor es haber sido la primera testigo de la resurrección. Por eso Tomás de Aquino me llamó ‘la apóstol de los apóstoles’. ¡Cómo no voy a querer más a los teólogos que a los papas!”

            – “¿Que por qué hablo ahora y no lo hice antes? ¡Si lo he hecho tantas veces…! Pero nadie cree en mis apariciones. Yo, discípula y apóstol, proclamo el Evangelio a los que se escandalizan de Jesús. Por esta razón es que hablo en épocas farisaicas como ésta, en que los dichos del día son contrarios de los de la noche. ¿Se ruborizan de mis palabras? ¿Pero a quién se pretende engañar? Aún más, ¿acaso ningún hombre, en ninguna ocasión, recibió de una buscona cariño verdadero? Peores que estas mujeres son los que hoy por doquier escalan posiciones o conservan sus puestos, al precio de su dignidad”.

            – “No, yo no soy una pecadora pública, aunque en el grupo de los discípulos había varias. Tantas, que a Jesús le consideraban amigo de publicanos, borrachos y prostitutas. No es que el Señor estuviera de acuerdo con la venta de sexo. Ya en el antiguo Israel Dios llamó a su pueblo ‘ramera’ para repudiar su infidelidad que, en su caso, era idolatría. Hoy también se prostituye el nombre de Dios cuando se lo usa para asegurarse el futuro, en vez de confiar en él y buscar su voluntad. ¡Uf!, cuán frecuente se manipula a Dios para que realice negocios, para mejorar el status o para purificar las conciencias de pecados que no son los verdaderos pecados. ¡Ay de los que tienen demasiado claro el camino! ¡Benditos los que buscan, porque encontrarán!”

            – “Así lo ha hecho la Iglesia, sus santos. A Ignacio de Loyola se le vio por las calzadas de Roma acarreando una mujerzuela a casa de una gran señora que le daría un oficio decente. San Ignacio, a imitación de santos anónimos, fundó una casa que ubicaba marido o colocaba en un convento a mujeres en peligro”.

            – “Este fue el amor de Jesús. Jesús envalentonó a esa pajarita de Magdala a invadir una casa ajena, para arrojarse y llorar sobre él, besarlo como nunca había besado a un hombre, acariciarle sus pies y ungírselos con perfume. Jesús, conmovido, la consoló de sus penas y pecados. Simón, dueño de casa y anfitrión del Señor, no entendió nada. Tenía las cosas muy claras, demasiado. También yo me aferré a Jesús y quise retenerlo resucitado, lo abracé, besé sus pies y lloré sobre ellos de pura alegría. ¿Cómo no estrecharlo con pasión, habiéndolo yo misma sepultado?”

            – “Vean que no tengo nada contra el gremio. Tampoco he venido a salvar mi imagen. Me he expresado mal: ¡disculpen! Pero la honestidad con mi historia y con ustedes mismas -dirigiéndose a las que escuchaban con mayor atención-, es saludable para todas. Vamos al grano. He venido a poner a su disposición mi oficio de ‘patrona’. ¿Cómo podría yo representarlas, interceder por ustedes, si yo misma no he experimentado en carne propia la vergüenza de la calle? Los negros tienen patronos negros, los ricos patronos ricos. Yo carezco de toda autoridad para representarlas. Pero, ya que he ejercido por tanto tiempo el cargo, habiendo sido también yo amiga de Jesús, con humildad me ofrezco como su “patrona adoptiva”. ¿Les parece? Un oficio ajeno se hace con cariño. ¿Podría ser su ‘patrona’, al menos mientras encuentren otra mejor?

            Esto es todo lo que la grabadora de un curioso devoto pudo registrar, hasta que se le agotaron las pilas. Las alocuciones se han repetido, prácticamente en los mismos términos. Pero no todos las creen verdaderas. ¿Serán ciertas? Los teólogos son escépticos. Los evangélicos no quieren oír hablar de apariciones. El sindicato se ha serenado y aceptaría una “patrona interina”. Los pastores, que tienen un corazón grande, están inclinados a aprobar algunas rarezas que filtren la ternura de Dios.

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