Anticristo: El Vanidoso

Descripción del personaje

Todos nos hacemos una imagen de nosotros mismos. Nos miramos al espejo. Pero esto no basta. El espejo principal son los otros. Ellos nos ven. Gracias a ellos nos vemos. Conocen nuestras virtudes y defectos. Por esto estas miradas ajenas nos son indispensables. Es necesario tener conciencia de quiénes somos. Esto nos ayuda a desenvolvernos con las personas con que vivimos, tratamos o trabajamos.
Una autoimagen puede ser mala por razones contrarias: porque hunde a la persona o porque la enaltece de un modo desmesurado. Hay gente que exagera en humildad y llega a pedir perdón a los demás por existir. Así se hace mal a sí misma. El vanidoso, en cambio, hace mal a los demás. Tiene una idea tan alta de sí mismo que mira a los demás en menos. Vanidosa, engreída, creída, altanera, fanfarrona, jactanciosa, ufana, cachetona es una persona que quiere que los demás piensen que es muy valiosa. ¿Para qué?
La gente vanidosa se satisface consigo mismo y, además, espera que las demás la satisfagan con reverencias, favores y retribuciones. El marketing cumple su objetivo porque las personas compran productos que les hacen distinguirse de las demás. Usando una buena marca, piensan, los demás dirán “qué gran tipo”, debe ser “famoso”. Si los famosos lo pasan bien, a todos nos gustaría ser como ellos, ¿verdad?
En tiempos de Jesús las autoridades religiosas eran vanidosas. Vestían y se movían como gente importante. Impresionaban a los demás. Pero no a Jesús.

Lectura: Mt 23, 1-7

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

Meditación

¿Qué necesitas? Necesitas cariño, cierto. ¿Algo más? Sí, algunos bienes fundamentales: comida, casa, ropa, salud, educación. ¿Algo más? Es bueno que los otros tengan una buena imagen de ti. ¿Pero vales por lo que aparentas? ¿No te jactas demasiado de tus logros?
Atención: vales aún menos por tus compras. El consumo te promete una identidad falsa. No te ufanes por la marca de tu ropa. Un auto de lujo en vez de hablar bien de ti, tarde o temprano servirá para que te acusen de fanfarrón.
El Anticristo vende identidad a cambio de tu alma. Tú vales no por lo que muestras. Tu valer será conocido gracias a tu humildad. Deja a tus padres en paz. ¿Hasta cuándo les pides plata para comprar y comprar? No te dejes impresionar por lo que los demás tienen y tú no. Allá ellos.

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