Anticristo: El Avaro

Descripción del personaje

El Anticristo es avaro. Es ávido de dinero. Ambiciona billetes, daría la vida por ellos, sacrifica la vida de otros por obtenerlos. El avaro acumula bienes, casas, territorios, pero no los goza en paz porque le son siempre insuficientes. Su obsesión es lograr más y más.
Si pudiera, se apoderaría del mundo entero. Y, a decir verdad, los avaros lo están consiguiendo. La concentración de la riqueza en el mundo es espeluznante. Pues, además de ambicioso, el avaro es egoísta, mezquino, no repara en las necesidades de su prójimo. Estas mismas necesidades, la mayoría de la veces, se deben precisamente a robos ejecutados directamente por el avaro o por modelos económicos que favorecen a los más poderosos en perjuicio del resto de la población. Los avaros, entre ellos mismos, son enemigos irreconciliables. En algunas ocasiones hacen entre ellos alianzas. Se coluden. Pero una alianza no es lo mismo que la amistad. Llegará un día en que el Anticristo avaro será uno solo. El triunfador se habrá apoderado del planeta. Los demás seremos sus esclavos. La tierra será un peladero. Habrán desaparecido los bosques, los ríos y los animales.
Hay también un avaro religioso. Acumula sacramentos, misas, gracias de Dios. Compite con los demás por la salvación sin saber que Dios es gratis. El avaro religioso es una especie de capitalista de la fe. En realidad no tiene fe. Se ha hecho de seguridades de papel pero, entre tanto, desprecia a los demás. Es preciso cuidarse de él. Mató a Jesús.
¿Será posible que la humanidad se organice y corte a los avaros las alas? Posible, no sabemos. Pero indispensable, sí.

Texto evangélico: Lc 16, 19-26

«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”»

Meditación

El Reino de Dios es un lugar donde todos comparten. Así quiso Jesús que fuera.
El Reino es un banquete parecido a esas comidas de Jesús con gente muy distinta. Para Jesús era una vergüenza que hubiera gente como el pobre Lázaro, gente que comía de las migajas que caían de la mesa de los avaros.
¿Y tú? ¿Qué necesitas? ¿Compartes lo que te sobra? Talvez tienes algo que pertenece a otros. Dios es el dueño de la tierra.
Cuídate del dinero. Si el dinero es un medio para intercambiar los bienes de la tierra, no hagas de él un fin. Piensa que Dios lo usaría como instrumento para dar a cada cual lo que necesita.
La tentación de la avaricia es muy grande. No dejes que se apodere de ti el Anticristo.

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